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jueves, 12 de marzo de 2015

Las piedras rusientes, esne arriak

Hasta mediados del S.XX se usaban para cocer la leche de oveja unas piedras calentadas a la brasa. Su forma y naturaleza eran muy variables. 

Se empleaban piedras del lugar, generalmente cantos rodados de torrenteras; desde ofitas y cuarcitas hasta bolas de sílex, pasando por piedras menos duras como calizas o areniscas. Su forma debía ser redondeada y plana para que se pudiesen manipular con facilidad.

Cuando se habían calentado lo suficiente se introducían en el Kaiku (el recipiente de madera que contenía la leche) para que esta hirviese, bastaban tres de estas piedras para conseguir la ebullición. 

En algunos lugares no se echaban las tres piedras a la vez sino que la leche era trasvasada de un Kaiku a otro usando una piedra cada vez.

Las piedras se retiraban con unas tenazas o con ramas con una hendidura hecha a navaja, en forma de horquilla, en uno de sus extremos.

A este proceso se le conoce cómo quemar la leche o hacer el pote. Estas piedras tienen varios nombres en Euskera y Castellano: Esneharriak, Osteoarriak, Burdiñarriak, Txukunarriak, Atxarriak, Piedras royas o Piedras rusientes.

El origen del uso de estas piedras arranca de la imposibilidad de calentar al fuego el Kaiku, que es de madera

Cuando se empezaron a emplear recipientes metálicos se continuaron usando, al menos, en determinadas épocas del año. A medida que la producción lechera de la oveja se reduce y se seca el pasto del monte la leche se vuelve más densa y es más difícil cocerla porque se pega a las paredes del recipiente, es entonces cuando resulta más práctico el uso de las esnearriak que hacen hervir la leche de inmediato sin que se pegue.

Se siguieron utilizando porque le daban un agradable sabor a quemado a la cuajada que se haría con la leche.  

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