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jueves, 14 de abril de 2016

El techo y el suelo de Navarra

El 5 de Febrero de 1995 (¡hace ya 21 años, como pasa el tiempo!) en el Diario de Navarra publicaron un curioso reportaje comparando dos localidades; la más alta y la más baja de Navarra. Como no podía ser de otra manera, la más alta nos corresponde a nosotros, Abaurrea Alta, mientras que la más baja es Vera de Bidasoa. Separadas por casi un kilómetro de altura, el reportaje nos sirve para ver diferencias en orografía, costumbres, salud de sus habitantes… El artículo, firmado por Angel Ortiz, dice así;

El techo y el suelo de Navarra


Los municipios de Abaurrea Alta y Vera de Bidasoa son los dos extremos habitados de la casa navarra. El primero representa el techo de la Comunidad Foral, a 1032 metros de altura (el único municipio situado por encima de la barrera de los mil metros). A Vera, en cambio, la geografía le ha otorgado el papel del suelo, de la planta baja, ya que se halla a tan sólo 56 metros sobre el nivel del mar.

Sin embargo, ninguno de sus alcaldes se siente “especial” por vivir separados por un kilómetro de altura. El de Vera de Bidasoa desde 1987 “por afición más que nada”, Manuel Iriarte Huarte ni siquiera se había planteado este hecho y estima que sólo la palabra “bera” puede indicar la poca altitud en que se sitúa la villa, pues su traducción al castellano es el de “bajo”.

Marino Lorea Arregui, alcalde de Abaurrea Alta, se limita a recordar que “por algo llaman a mi pueblo el balcón de los Pirineos, ¿no?”. Señala una casa en cuyo frontal puede leerse “Aureako Etxea” (Casa de Aurea): la más alta del pueblo –la casa perteneciente a un municipio navarro situada en el lugar más alto- y explica- “Fíjate, allí viven un biólogo donostiarra y su familia durante todo el verano. ¿Has visto alguna vez un lugar más precioso para vivir?, en lo más alto de una loma, rodeado de verde, sano como pocas cosas…. La pena es que su dueño llena la casa de culebras, por eso de que es biólogo, supongo, y a mi me dan bastante repelús esos bichos. Por eso no sé ni cómo es por dentro. Sí que conozco lo que se puede observar desde tales alturas y puedo asegurar que es algo fantástico”.

Nada más entrar.

En coche, desde Pamplona, el itinerario a seguir para llegar a una y otra localidad es el mismo, aunque, lógicamente, por diferentes vías: parajes verdes, montes y bosques de hayas, pueblos pequeños, caseríos por doquier y una insufrible multitud de curvas a lo largo de un importante tramo del trayecto. La distancia en kilómetros: Vera se encuentra a 75 kilómetros de la capital navarra, tan sólo 5 kilómetros más lejana que Abaurrea Alta.
Iriarte, 54 años, casado y padre de cuatro hijos, enseguida se refiere, al hablar de las comunicaciones con su villa, al túnel de Velate. “Si, porque parece que al terminarse éste, las comunicaciones de Vera con Pamplona mejorarán sustancialmente. Falso, ya veremos lo que pasa cuando, a partir de entonces, el tráfico aumente y Narvarte se convierta en un auténtico embudo”.

Bera de Bidasoa
Vera se distribuye replegada entre montes y su casco urbano muestra al visitante una ordenación de las calles en forma de Y. Manuel Iriarte se lamenta, “pues es común encontrarse a gente que apenas si conoce sólo la parte larga de Vera, la que se extiende hacia Guipúzcoa, y no sabe que la villa tiene más de 45km2, dentro de los cuales se encuentra el barrio de Alzate y el de Ibardín”-
En la villa, rodeada por más de 100 caseríos – de los que cinco viven todavía con lo que producen ellos mismos-, se unen el estilo arquitectónico tradicional de la Navarra nórdica y los palacetes, las casonas… y los varios edificios de hasta cinco plantas asentados en la parte más baja (aún más) de Vera de Bidasoa, nada comunes en poblaciones con menos habitantes. En cualquier caso, y esto se nota a primera vista, el alcalde confirma que “aquí hay dinero, prueba de ello es que sigue viniendo gente a vivir, de Navarra y de Guipúzcoa”. No obstante, la población no ha crecido desde 1986 a 1993: 3583 habitantes.

Sobre tierra llana, entre el monte Mendizorroz y el alto de San Miguel, en pleno Valle de Aézcoa, se asienta Abaurrea Alta. Marino Lorea, padre de tres hijos, con 50 años “y una esposa, Milagros Legaz, maravillosa”, afirma que “aquí la población desciende por momentos, -227 habitantes en 1986, 202 en 1994- a pesar de que Abaurrea Alta está situada en una de las mejores zonas, por llana y por rica, de la comarca. Los chicos se van a estudiar y se acostumbran a la ciudad. Eso sí, durante la época de estudiantes vuelven todos los fines de semana."

Recursos

El aspecto económico es el más relevante a la hora de hacer comparaciones inmediatas entre Vera de Bidasoa y Abaurrea Alta. Las diferencias saltan a la vista.

Esta última se desarrolla a partir del más famoso de los tubérculos: la patata, en especial la destinada a servir para la siembra. Aparte, 100 cabezas de ganado lanar y 700 de vacuno: “son nuestras principales fuentes de ingresos. Pero deseo decir algo. Muchas personas opinan que aquí nos pegamos una vida relajada, con eso de que vivimos de la agricultura. Pues bien, nosotros, cuando no es la siembra, es la recogida, si no la selección de patatas o el ganado o la tierra de nuevo. Siempre hay algo que hacer”.

La mayor parte de los veratarras trabajan en la industria o los servicios. “y hasta hace bien poco en el <trabajo de noche>, el contrabando”, comenta Iriarte, “sobre el que podría contar mil y una historias”. El paso fronterizo de Ibardin, otro barrio de Vera, aglutina un total de 24 comercios y cuatro restaurantes. Sus principales clientes: franceses.

Por las calles

Poca gente en las calles de Vera de Bidasoa y Abaurrea Alta. Hay que rebuscar a los vecinos en las casas o en establecimientos públicos.

Abaurrea Alta

Uno de esos lugares es la tienda que Esteban Bidondo, jubilado de 71 años, regenta en Abaurrea Alta. La primera frase del tendero al ver al fotógrafo: “no quiero fotos. Que nadie intente convencerme de lo contrario”.

En ella entra, a eso de la una y media de la tarde, Balbina Lacasta para hacer algunas compras. La conversación nace sin querer y Bidondo empieza a contar, mientras esconde su particular calculadora –varias hojas blancas y grandes que le sirven a la vez de libro de contabilidad-, que su vida entera la ha pasado en ese lugar, rodeado por centenares de productos …”Es como si fuera el hipermercado del pueblo. Yo aquí he tenido de todo, más que nada cosas que la gente ha necesitado en un momento dado y no ha habido otro lugar donde conseguirlo”.
Bidondo asegura, puro en mano, no sin algo de inquietud ante los visitantes, con una rugosa añoranza dibujada en la cara que “este era, y aún sigue siendo de vez en cuando, lugar de reunión y charla para muchas personas del pueblo”. Balbina Lacasta apoya esta sentencia y dice que “ciertamente, aquí venía, al cabo del día, mucha gente, y por eso Esteban es la persona del pueblo que mejor conoce hasta la miga más mínima de todo el mundo”. Entonces, ambos comienzan a recordar a los que se fueron para hacer “las américas”, como “la cuadrilla de Fidel y Marcelino, que en el 57 se marcharon a Canadá”.

Niebla en Bera de Bidasoa
José Lanz Miquelestorena, “aunque en Vera me llaman Joxe”, tiene 78 años y desde que se jubiló “es una forma de hablar” a los 65 trabaja, junto a su hijo José, en la herrería de Vera de Bidasoa. La creó el padre de Joxe hace ya varios lustros y es una de las pocas que todavía quedan en Navarra.
Entre hierros y cazuelas de bronce y cobre, enseña los artículos que tiene dispuestos cuidadosamente en el escaparate de la tienda: unas tenazas, parrillas para asar castañas o patatas, cazos, candiles, tijeras, lámparas..
Se acerca a la fragua y enciende el fuego. Al rojo vivo una batuta de hierro de medio metro. Forja un clavo “de los de antes, con la punta en forma de pirámide”; cinco o seis martillazos certeros son suficientes. Esta vez, el fotógrafo conto con la ayuda de José Lanz junto a las brasas.

El clima

Dejando atrás Abaurrea Alta en dirección a Jaurrieta pueden verse, en día claro, el Orhi y hasta las altas cumbres que rodean Jaca: “esta es la prueba fehaciente de la altitud en que nos encontramos” constata Lorea. Otra prueba: hace diez inviernos se alcanzaron los 23 grados bajo cero, “y el pasado, hasta menos diez”. Su temperatura media, sin embargo, se encuentra entre los 6 y los 10 grados.
Y además está la nieve, que por aquellas <cumbres habitadas> se hace infernal, rebajando a la condición de inútil “la más perfecta de las cuchillas quitanieves. Se forman unos remolinos tremendos”, explica Lorea, “y para cuando has hecho un kilómetro, si continua nevando, debes volver nuevamente sobre tus pasos porque no has conseguido nada”.

Nieve en Abaurregaina
Poco que ver con Vera de Bidasoa, de clima más templado y húmedo, paso casi obligado de borrascas procedentes del Cantábrico, con medias de temperatura entre 14 y 15 grados.
En ella el fenómeno atmosférico más común son las nieblas, “tan densas a veces, que cualquiera podría cortarlas con un cuchillo” testifica Iriarte.

Ninguno de los dos alcaldes se arrepiente de vivir donde lo hace. Se le preguntó a Lorea por el invierno, por si el pueblo adoptaba alguna preparación especial de cara a la más inclemente de las estaciones, por si resulta duro…. “¿El invierno? ¿Duro? No sé, para mi es mejor que el verano, vamos, una autentica gozada”. Piensa “Veamos: se reparte leña a los vecinos, se pone a punto la cuchilla quitanieves….” Gesticula como derrotado por no conseguir respuesta. “Es que a nosotros este tipo de cosas nos sale como el andar, no nos fijamos en ellas”. E Iriarte: “Este es el mejor sitio donde alguien puede vivir, conozco a muchos que me han preguntado si se paga alguna tasa especial por residir en Vera, ya que, me han dicho, sería lo justo y razonable”.

La salud marca la diferencia

La cuestión de la salud es quizá la que muestra mejor las diferencias entre las dos localidades. Abaurreanos de sangre recia y tensión alta; veratarras más sensibles a las alergias y, aun viviendo en un lugar bajo, con tendencia a la hipertensión.

En Abaurrea Alta, José Igmacio Ubau Balda, de 43 años y vecino de Arive, es el médico del valle de Aézcoa desde hace 19 años. Asegura que, “debido a la altitud, los abaurreanos tienen la tensión más alta de lo normal, aunque no se trata de un problema grave ni mucho menos, porque el cuerpo se habitúa a ese nivel”.
Y, además, la sangre de sus pacientes es peculiar. “La tienen muy recia. Son muy sanguíneos y, por ello, serían unos donantes de sangre magníficos: tienen más glóbulos rojos de lo normal. Además, estas donaciones a ellos les vendrían de perlas”. El problema es que, a pesar de que existen autobuses que recorren los pueblos para recoger la sangre de los donantes que viven en lugares alejados de los bancos de sangre, “lo cierto es que por aquí no pasan. No sé por qué motivo se olvidan de que en Burguete y sus alrededores tienen a gentes muy dispuestas y con una oferta de gran calidad, difícil de encontrar”.

Abaurrea Alta hacia 1930
Ubau destaca dos aspectos que, aunque poco tienen que ver con la altitud, si son importantes a la hora de caracterizar la salud de los abaurreanos. “Son amantes de la buena comida y de la buena bodega. El colesterol alto supone una de las enfermedades más comunes de este lugar, comen “fuerte”, con mucha carne de cerdo sobre todo”. Aunque Marino Lorea no está de acuerdo con la parte referida a la buena bodega porque, “para que sirva de prueba, sólo tenemos un bar que abre únicamente si alguien llama, no está abierto con horario fijo”.
En segundo término, el medico no oculta que es una tierra donde se alcanzan edades elevadas: “la longevidad. No hace mucho murió un abuelo de 93 años. La comida, el clima, el trabajo, el aire y el agua… varias cosas hacen que la vida aquí sea muy natural. Es lógico, pues, que se viva más de lo normal”.
La mayor dificultad que ofrece Abaurrea Alta en el plano sanitario, resalta Ubau “es que, cuando hay nieve, y esto ocurre durante buena parte del año, si hay alguna emergencia, nos las vemos y deseamos para evacuar al enfermo al centro de Burguete. En alguna ocasión hemos tenido que recurrir a un tractor.

En Vera de Bidasoa, Antonio Valderrábano Quintana, de 60 años y médico en Vera desde 1966, no cree que la altura influya demasiado en la salud, “al menos directamente”. Sí, según él, “lo hace de forma colateral, pies por ejemplo, el hecho de que Vera se encuentre a esta altitud provoca una mayor presencia de humedad, lo cual se traduce en reumatismos o en la aparición de hongos.”.
De otro lado, su clima templado hace que “la flora del lugar abunde y produzca una mayor cantidad de alergias al polen o de asmas. Este tipo de patologías las he detectado muchísimo a lo largo de años de experiencia”:
La tensión debería ser menor a lo normal, “debería, pero no es así. Muy por el contrario, se detectan gran cantidad de hipertensos. No olvidemos que la salud no es cosa de un solo factor. En este caso, la alimentación influye mucho.

Vera de Bidasoa hacia 1930

Si recuerda Valderrábano enfermedades “anteriores a la llegada del desarrollo a nuestra villa”. Entonces se daban bastantes casos de raquitismo y de bocios. “Lo primero, debido a que Vera está rodeada de montes, y las sombras impiden que la vitamina D sea sintetizada convenientemente por la piel, pies el sol es imprescindible en la asimilación de esta vitamina”. Hoy, con alimentación variada y rica en esta vitamina, el raquitismo se ha erradicado. Los bocios eran favorecidos por la alimentación, “se comía lo que se cultivaba, y si eran nabos, pues nabos. La falta de yodo, origen del bocio, provenía también de la utilización de agua escasa en esta sustancia”, afirma el médico de Vera de Bidasoa. En definitiva, Valderrábano se afirma en el hecho de que “vivir en lugares con el clima de Vera es mucho más saludable que hacerlo en tierras altas, si bien es verdad que mucho tiene que ver la costumbre en este sentido.” 

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