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lunes, 30 de mayo de 2016

Homenajes a Domingo Elizondo en Aoiz y Sangüesa (año 1911)

¡Hola! Hoy os traigo un par de notas de prensa que relatan sendos homenajes que recibió nuestro vecino de Aribe, Domingo Elizondo, en los pueblos de Aoiz y Sangüesa.

Como ya vimos, Domingo fue un hombre que produjo en el valle Aezkoa un importante desarrollo económico e industrial con su ambicioso proyecto “El Irati S.A”, que comprendía aserradero, central eléctrica, línea de ferrocarril, el embalse de Irabia… Desconozco si en aquellos años, a comienzos del S.XX sería más difícil el emprendizaje empresarial pero queda claro que estaba mejor reconocido y valorado que ahora.

Muestra de ello tenemos los dos homenajes que se le hicieron, primero en Aoiz y días después en Sangüesa, que bien merecieron sus crónicas en prensa.

Veamos lo que nos cuenta el periódico “El  Eco de Navarra” el 18 de 
Abril de 1911:


“Homenaje a D. Domingo Elizondo 

Es absolutamente imposible dar cuenta de todo cuanto ocurrió ayer en Aoiz. Nos lo impide la falta de espacio. Muy a la ligera por consiguiente, daremos al público algunas notas.

A las diez de la mañana bendijo el señor Obispo de la diócesis un automotor, en el paseo de Sarasate, frente a la estación y casa social de El Irati, y en presencia de todas las autoridades y de mucho público. Después el señor Obispo pronunció breves frases elocuentes diciendo que la Iglesia, como depositaria de la verdad, bendice siempre la Ciencia y el Progreso y desea que la Ciencia y el Progreso se encaminen hacia el bien, hacia la virtud.

A las diez y media salieron para Aoiz en dos coches todas las autoridades provinciales y el alcalde de Pamplona, ingenieros y consejeros de El Irati y representantes de todos los periódicos locales.



En una hora llegamos al Aserradero, donde se detuvo la expedición.

Las autoridades guíadas por el incansable Don Domingo Elizondo é ingenieros de la sociedad y administrador de la fábrica señor Gandiaga visitaron todos aquellos lugares que ya conocen nuestros lectores porque de ellos hemos hablado extensamente durante varios días.

Y después que todo aquello fue visto, la expedición siguió a Aoiz.
Si tuviéramos espacio, aún podríamos intentar una descripción de lo que vimos, pero no lo tenemos, y con gran sentimiento nos vemos obligados á hablar, como vulgarmente se dice, muy a la ligera.

A la entrada de la villa estaba la mitad del pueblo, porque la otra mitad estaba en balcones y terrazas. En cuanto llegó el automotor se dispararon cohetes, y la gente prorrumpió en vivas a don Domingo Elizondo.

La comitiva siguió a pie hasta la Casa Ayuntamiento. Fue aquel camino un camino de triunfo. En terrazas y balcones muchas señoras y señoritas, a lo largo de la calle hombres y mujeres, todos vitoreaban al bienhechor de Aoiz que humilde, con aquella humildad de los hombres buenos, recibía el homenaje de un pueblo agradecido y entusiasta, llena el alma de emoción.

El espectáculo era realmente bellísimo.

En la mañana luminosa y riente estallaba en mil sones el entusiasmo de los agoiscos que han puesto en esta magna obra del señor Elizondo un enorme caudal de buena voluntad y de trabajo eficaz.

Pasó el festejado bajo los arcos de follaje en los cuales estaba escrito su nombre al modo que lo están, en los mármoles, los nombres de los grandes triunfadores.

La calle por la cual caminó el señor Elizondo rodeado de todas las representaciones de la autoridad, tenía su nombre.

En el bello comedor estaba su retrato rodeado de guirnaldas y flores.

Todas las bocas pronunciaban su nombre con veneración y con respecto. Todo era en aquella mañana luminosa y primaveral, para don Domingo Elizondo.
Y bien ganó tan alto y universal homenaje quien dió, como él, tan alta prueba de laboriosidad, generosidad y amor a su país.

En la amplia escuela, bellamente adornada, se sirvió el banquete, que fue suculento.
Sirvieron las mesas bellísimas señoritas de Aoiz, que de este modo sugestivo y amable, rindieron también tributo a don Domingo Elizondo.

A la hora del champagne hubo muchos brindis.

Brindó muy elocuentemente el alcalde de Aoiz don Joaquin Aldaz, ofreciendo aquel homenaje de la villa al señor Elizondo. Brindaron muy elocuentemente también todas las autoridades y nuestro compañero Sr. Arvizu y Aguado, y todos ofrecieron su tributo de admiración y de simpatía al señor Elizondo en términos muy elocuentes y justos que acertaron perfectamente a interpretar los sentimientos de todos.

El señor Huici dedicó en su brindis un recuerdo y un saludo, y frases de gratitud a los acaudalados, señores Morea, Aranguren, Anchorena, Urquijo, Goya é Imaz, que pusieron su dinero al servicio de esta empresa, permitiendo con ello la realización del empeño de su amigo don Domingo Elizondo.

Y aquellos hombres honrados, ricos y trabajadores recibieron el homenaje de todos en una salva de aplausos.

Por último habló don Domingo Elizondo, emocionadísimo, y dio las gracias a todos, afirmando que a la ayuda de todos, de Aoiz, de Pamplona, de las autoridades, de la prensa, se debía la realización de esta obra.

El señor Elizondo fue ovacionado y vitoreado con sincero cariño.

Los ramos de la mesa a petición del señor gobernador, fueron enviados a las distinguidas y bellas hijas de don Domingo Elizondo, a cuyos pies fue el homenaje de todos entre aquellas flores que llevaban el encargo de contarlas lo que habían visto y oído, todo hecho y dicho en honor de su insigne padre.

Se leyeron un telegrama entusiasta del Casino Easosense de San Sebastián adhiriéndose con entusiasmo al homenaje, y una carta, muy expresiva y cariñosa, del diputado del distrito señor Zulueta.

La banda de Constitución permaneció todo el día en Aoiz.

Las autoridades fueron luego a Sangüesa y el regreso se hizo, sin novedad alguna, a las siete y media de la tarde.

La villa de Aoiz realizó ayer un acto de justicia y los directores de la fiesta acertaron de tal manera, que es muy difícil reunir mayor seriedad, más bella alegría y más intenso entusiasmo dentro de una fiesta popular como la de ayer.

El alcalde de Aoiz, D. Joaquin Aldaz y sus colaboradores merecen un aplauso entusiasta.
Los pobres y los desventurados presos participaron también de la fiesta.
Hablar de atenciones, obsequios y amabilidades es excusado. Aoiz fue ayer la villa justa y hospitalaria de siempre.



-Y ahora, vamos lo que se escribe en el mismo periódico, el "Eco de Navarra" el 2 de Mayo de 1911. –

“Homaneje de Sangüesa a don DomingoElizondo

La ciudad de Sangüesa rindió anteayer su homenaje a don Domingo Elizondo y a la empresa explotadora del ferrocarril El Irati.

Nuestro implacable tirano –el exceso de original- nos impide dar a esta reseña las proporciones adecuadas a la importancia del acto que se celebró anteayer en la histórica ciudad.

A las diez y cuarto de la mañana salieron de Pamplona en tren especial todas las autoridades provinciales en compañía de don Domingo Elizondo, de los ingenieros y de algunos consejeros de El Irati. En el mismo tren hicimos el viaje los representantes de los cinco diarios locales, amablemente invitados por el señor alcalde de Sangüesa don Javier Indurain en nombre de aquel ayuntamiento. El viaje fue rápido y feliz.

En algunas estaciones del tránsito, a pesar de la lluvia, había mucho público que vitoreaba a las autoridades y al señor Elizondo.

En Sangüesa esperaban las autoridades presididas por el joven alcalde de aquella ciudad, el clero y una representación numerosa del pueblo que llenaba completamente el andén y que estaba desparramada por los alrededores de la vía.

Llovía abundantemente.



Al llegar el tren se dispararon cohetes y tocó la banda y la gente prorrumpió en vítores entusiastas.
La comitiva siguió por la calle Mayor, cuyas casas tenían los balcones adornados con colgaduras. Todo eran vítores, cohetes, música, animación y entusiasmo bajo la lluvia tenáz.

La entrada del puente estaba adornada con follaje y entre guirnaldas verdes había un cartel con un saludo de la ciudad a sus ilustres huéspedes. Los círculos políticos y de recreo tenían también adornadas sus fachadas y sus balcones cubiertos con colgaduras.

La comitiva entró en la casa municipal en cuyo salón amplio y magnífico estaban dispuestas las mesas para el banquete. Encima de la puerta de entrada había un cartel adornado con follaje en el cual había un saludo para don Lorenzo Oroz, que fue hasta ayer diputado de aquel distrito.

El adorno interior de la vieja y hermosa escalinata nos pareció por lo adecuado uno de los más grandes aciertos de los organizadores de la fiesta.

Había tres mesas colocadas en U.

En la cabecera tomaron asiento las autoridades provinciales y en las otras los demás invitados, en número de 96. La comida, bien servida por el señor Quintana, tuvo el siguiente menú:

Entremeses. – Paella valenciana. – Fritos variados. –Solomillo a la jardinera. – Salmón en salsa de mayonesa. – Jamón en dulce con huevo hilado. – Capones de Bayona. – Postres: Helados, frutas y quesos. Vinos: Rioja y Champagne.

A la hora conveniente el joven alcalde de Sangüesa señor Induráin ofreció el banquete en nombre de la ciudad al señor Elizondo.

Luego brindaron elocuentemente el señor Gobernador, el general Cirujeda, el Presidente de la Audiencia, el Alcalde de Aoiz, el Presidente de la Diputación don Manuel Larraya, el señor Obispo y el señor Exhave-Sustaeta por la prensa, por este mismo orden.

Todos expresaron en términos elocuentes y justos el sentimiento unánime de admiración hacia don Domingo Elizondo y sus colaboradores.

Y al final se levantó don Domingo Elizondo.

Con la soberana elocuencia de la sinceridad y todo él en la emoción de gratitud dio las gracias por el homenaje.
Durante la comida la banda de Sangüesa interpretó muy variadas composiciones.

Cuando acabó el banquete, don Domingo Elizondo recorrió la ciudad recibiendo en todas partes demostraciones de respeto y simpatía.


Seguía lloviendo y aquella lluvia puso a dura prueba la hospitalidad de los sangüesinos. Los forasteros nos vimos envueltos en agasajos.
La casa de los señores de Jabala fue nuestro refugio amable y encantador. Yo hablo de esta amable casa porque en ella fui recogido.
Allí pasaron la tarde las distinguidas señorías de Elizondo y de Ansó de Aoiz, con la señora de don Faustino Lizasoain, señoritas de Sangüesa y forasteras, el general Cirujeda, el coronel de ingenieros señor Los Arcos, señores de Huici, Lizasoain, Lizarraga, Aldaz y otros muchos.
La bondad de los señores de Jabala y los encantos de su gentil y bella hija Javierita nos hicieron pasar una tarde deliciosa en aquel huerto florido. Muchas gracias a los señores de Jabala.

Y vosotras, encantadoras señoritas, tened por cosa segura que no me olvidaré jamás de nuestra buena amiga doña Polla. Durante toda la tarde estuvo Sangüesa como en día de romería. Por todas partes había música, cohetes y alegría. ¡Yo no sé qué hubiera sido aquello sino hubiera estado diluviando!.

Las autoridades regresaron a las seis de la tarde, siendo despedidas con simpatía.

Por la noche se organizó un animadísimo baile en el salón del Ayuntamiento donde se había celebrado la comida.
Recordando aquel baile animadísimo no se me ocurre otro comentario que este; ciertamente, que las sangüesinas son muy bellas y elegantes.

El baile duró hasta media noche.


Sangüesa puede estar satisfecha de haber acertado completamente, de haber ofrecido una fiesta hermosa en conjunto y en detalles. Reciba aquella ciudad nuestro aplauso. 
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