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jueves, 12 de mayo de 2016

Triple crimen en Orbaizeta



Os dejo con el artículo que aparece en el periódico “El Isleño” de Palma de Mallorca, a 25 de Febrero de 1890, como en seguida veréis no tiene que envidiarle nada a “El Caso”, que se publicaría por primera vez seis décadas más tarde. Si sois impresionables os advierto que el artículo es bastante duro (de leer y de escribir) así que os recomiendo paséis directamente a cualquier otra entrada que seguro tratará de algo más agradable.
¡Avisados quedáis!  

El artículo se titula “UNA TRAGEDIA CRIMINAL” y dice así:

Los asesinatos de Orbaiceta

El jueves debió empezar la vista de la causa seguida contra José Campo Isarre, Martín Plácido Maisterra y Joaquín Egurce por el triple y horrendo crimen que en Orbaiceta, pequeño pueblo del valle de Aézcoa (Navarra), se cometió el 8 de Diciembre de 1887.

Este proceso está destinado a llamar mucho la atención, ya por las horribles circunstancias que acompañaron al crimen ya por las peripecias que han sobrevenido durante el periodo de instrucción, a causa de las grandes influencias puestas en juego para salvar a uno de los acusados y que dieron lugar a un transitorio sobreseimiento, y la enérgica actitud de protesta y clamores de los habitantes del valle de Aézcoa, los cuales consiguieron que el proceso volviera al estado de sumario.
Los periódicos navarros y El Imparcial de Madrid traen detalles de lo sucedido.

El crimen

Era entonces secretario del Ayuntamiento de Orbaiceta y corresponsal del periódico pamplonés El Liberal Navarro, el acusado Maisterra, quien escribió al nombrado periódico una carta que se publicó el 13 de Diciembre de 1887 y en la cual se relata con gran riqueza de detalles y admirable colorido el descubrimiento del espantoso crímen.
Si efectivamente Maisterra resultara una de los coautores de este, habría que confesar que no sólo es un gran criminal, sino que el cinismo y el ensañamiento más  refinado se anidan en su alma tenebrosa.
Y sino juzgue el lector por los siguientes párrafos que transcribimos de dicha carta:

Serían las ocho y media de la mañana –dice- del aciago día 8 del corriente, fiesta de la Concepción, cuando el señor juez municipal don José Aspilche me sorprendió en cama con la noricia de que en la casa llamada de García, propia de su hermano Javier Aspilche, debía acontecer algo extraño atendiendo a la hora avanzada del día y a que no obstante esa circunstancia se hallaban cerradas las puertas y ventanas que dan a la calle más concurrida, en lo cual, como aquel, se habían fijado los de las familias vecinas y varias personas que después de oída la primera misa iban para sus casas…

… atravesamos la cuadra, abrimos la puerta que da a ésta desde la entrada y, ¡oh sorpresa!, desde luego vimos rastros de sangre vertida en la entrada que bajaba rozando el tabique izquierdo desde el piso de arriba, indicio claro de haberse cometido algún crimen. Conmovidos, continuamos el reconocimiento subiendo por la escalera al piso inmediato superior, cuando no bien en él, vimos a la izquierda, pegando casi al marco derecho de la cocina, una balsita o charca de sangre que se dirigía desde la cocina.
Nos dirigimos atemorizados, con paso vacilante, hacia ella, y hallamos dos mujeres  que yacían cadáveres tendidas en el suelo, acribilladas de heridas tremendas y cubiertas, empapadas con su propia sangre.

La noticia original en el diario "El Isleño"
… Consternados, penetramos en la cocina y por necesidad legal, obligados al reconocimiento de los cadáveres, observamos que uno era el de la tan infeliz como anciana dueña de la casa, llamada María Juana Goicoa, de sobre sesenta y cuatro años de edad, la cual se hallaba tendida, boca abajo en el suelo, bastante encorvada sobre la rodilla, con la cabeza parte sobre la plancha del hogar, los pies hacia un armario, vestida, cubierta evidentemente de propósito la cara con una toquilla morada de lana, quemado parte del canoso cabello y ¡parece mentira! Hasta quemada parte de la mano derecha, intencionalmente extendida al fuego, con una terrible herida cortante en el cuello hasta la columna vertebral, otra en la sien izquierda, otra en el casco hacia la parte posterior de la cabeza y otra en la región temporal izquierda, todas gravísimas.
El otro, el de su hija Marina Aspilche, de sobre 36 años, que estaba también tendida en el suelo, boca arriba, con el cuello cortado también hasta la columna vertebral, con gran herida punzarte en la frente que cruzaba hasta la barba, de la cual es probable fuese un trozo de hueso que se halló a su lado, otra herida en la nariz y una contusión en el ojo izquierdo.  

Los dos cadáveres formaban una especie de ángulo, y en su centro estaban un candelero fijado en el suelo con abundantes restos del sebo corrido a su pie que denotaban haber estado encendida la vela por largo espacio de tiempo, y otro candelero sobre una silla pequeña con una vela de esperma en el suelo. En el sitio destinado a hogar, a la izquierda, un pequeño puchero cubierto de hoja de lata y a la derecha un tupí o cacerola de metal, también cubierto, con abundantes restos completamente reducidos a cenizas de papeles quemados al fuego, sin que entre ellos se hallara la porción más pequeña que no hubiese sido presa de ese elemento. >>Horroroso, indecible, era el cuadro que contemplamos; parecía que no podía caber mayor desgracia en una familia, que la muerte alevosa de dos personas de las tres que se componía; y sin embargo, envueltos de terror, presagiamos hubiese llegado también al dueño de la casa la consecuencia de la saña del autor o autores de aquellos asesinatos.
>>Perplejos, apesadumbrados y con temeroso y débil paso seguimos la marcha hacia el cuarto de dormir del dueño; llegamos a su puerta, encendimos la luz, pues por estar cerradas las ventanas no penetraba la del día y…. ¡nuevo y horrendo cuadro!.

Javier Aspilche, de sobre cincuenta y ocho años, dueño de la casa y esposo de la primera, yacía tendido en la cama, ignomiosa e inhumanamente muerto, como su esposa e hija política, cubierta la cama de espesas manchas de sangre, así como la camisa en la parte del pecho y la cama y suelo a su lado derecho, con una tremenda herida contundente en el lado izquierdo de la frente, de cuya brecha salía parte de la masa cerebral; otra herida contusa hacia la mandíbula izquierda; otra gravísima, cortante, en el cuello, profundizada hasta la columna vertebral; otra herida punzante en la parte del corazón, probablemente con profundidad bastante a atravesar este, y en fin, otras dos heridas, también punzantes, en la región del pecho.

>>Aterrorizados, sin saber cómo, salimos del edificio, que desde luego quedó bajo el cuidado del juzgado.
>>La versión que corre como más autorizada es que todas las heridas producidas fueron causadas por dos individuos, con hacha, azuela o algún instrumento análogo y cuchillo; que los autores debieron penetrar, con abuso de confianza, por la puerta, o por una pequeña ventana que da de una belena estrecha a un cuarto del piso principal; que los tres asesinatos debieron verificarse simultáneamente en la cocina y en la cama, donde es probable, según la posición natural en que se hallaba el cadáver que se encontraba el finado profundamente dormido o quizá hablando en confianza con el que iba a darle el golpe mortal.



Primer periodo sumarial

Fueron presos inmediatamente varios individuos, entre ellos José Campo, uno de los tres procesados de hoy; pero después de ocho meses de infructuosos trabajos, el 20 de Agosto de 1888 fue sobreseída provisionalmente la causa.

Más los habitantes del valle de Aézcoa, indignados por suponer que se había ejercido presión sobre el juez instructor y por la impunidad en que se iba a dejar a los criminales suscribieron una exposición dirigida al ministro de Gracia y Justicia, en la que, después de relatar sumariamente los hechos que motivaron el proceso, y de exponer que apenas habían principado las primeras diligencias judiciales <<empezaron a correr por el país sordos rumores respecto de gestiones que se hacían en favor del procesado por una de los hombres más conspicuos de la política española, a quien, con razón o sin ella, se suponía vivamente interesado, ya que no por el procesado mismo, por su padre, que, según parece, es uno de los electores influyentes de la provincia de Huesca, rumores a los que desde un principio dieron alguna verosimilitud la forma en que fue conducido el reo a las cárceles del partido y las recomendaciones de que el mismo era portador>>, y que, a pesar de las gestiones practicadas para evitarlo, fue sobreseída la causa, se pedía al nombrado ministro ordenara lo conveniente para que pudiera volver a abrirse el periodo de instrucción, pues de quedar impunes los criminales, creerían los aezcoanos empeñada su limpia historia.

Entáblose una lucha entre el fiscal y el juez instructor. Este, en cuanto apareció en El Liberal Navarro la exposición de los aezcoanos al ministro de Gracia y Justicia se apresuró a reanudar el sumario, y el fiscal se opuso a ello; pero la Audiencia dio la razón al primero y las diligencias continuaron.

El banquete de los asesinos

Los datos aportados por estas diligencias al sumario, permiten asegurar que José Campo había escrito una carta a varios de sus amigos de Orbaiceta en la cual les decía que para la noche del 7 al 8 de Diciembre tuviesen dispuesta una cena. A esta debían concurrir el asesinado Javier Aspilche y los tres procesados.
Según el fiscal la cena se verificó después de cometido el crimen.
Los comensales fueron Campo, Maisterra y Egurce. Del conocimiento de las varias incidencias de este banquete brotó la luz.
Dícese que en el sumario hay datos sobrados para establecer la culpabilidad de los tres procesados.
Pocas horas después de consumado el crimen, salía precipitadamente de Orbaiceta el aceitero José de Campo y se dirigió a Villanueva e Irurozqui, siendo así que la noche anterior había manifestado que debía hallarse en Oroz-Betelu. Al dirigirse a Villanueva no lo hizo por el camino directo sino por Orbara.
Dícese que Campo ha procurado demostrar que no llevaba ninguna arma blanca la noche del crimen; pero afírmase que solía usar un cuchillo de hoja ancha y mango corto. Otro cargo contra José Campo resulta de las declaraciones que sobre el dinero le entrego a su padre, pues mientras éste afirma que recibió de su hijo a su vuelta de Orbaiceta unos cuarenta o cincuenta duros, el procesado asegura que no le entregó un céntimo a su padre ni a su mujer.


Periodo de calificación

Califica los hechos el fiscal de delito complejo de robo y triple asesinato. –Considera culpables a los tres procesados ya nombrados y que en la ejecución de los hechos de autos ha habido premeditación y las circunstancias agravantes de alevosía, abuso de confianza, nocturnidad y ejecución en la morada de los ofendidos. Pide el fiscal para los tres procesados la pena de muerte en garrote, restitución de las cantidades que resulten robadas, reparación de daños causados por la destrucción de documentos, indemnización de 15.000 pesetas por perjuicios a los herederos de los interfectos y pago de costas.
Las defensas corren a cargo de los letrados Don Gregorio Pérez Aoiz y Don Regino García Badía: aquel es defensor de Maisterra y Egurce y éste de Campo. Piden las defensas de absolución.


El ministerio fiscal está representado por Don Alejandro Borruel. Hay noventa y ocho testigos citados, por lo que se cree que las sesiones durarán bastantes días. 

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