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jueves, 1 de septiembre de 2016

Abaurrea en la Edad Media (1/2)

!Hola! Cómo os prometí, ya he vuelto de vacaciones cargada de entradas nuevas e interesantes que ofreceros. En esta ocasión os traigo la primera parte de un fantástico estudio realizado por Carmen Munárriz Elizondo, una historiadora verdaderamente enamorada de nuestra tierra. 

Este estudio me valió en su día para escribir sobre las familias medievales de Abaurrea Alta pero dado a que trata de más aspectos (economía, censos de población, documentación existente...) me parece interesante colgarlo entero. 

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Abaurrea en la Edad Media

por Carmen Munárriz Elizondo

Resumen

Se ofrece una visión de la localidad de Abaurrea en la Edad Media haciendo un repaso de las escasas fuentes existentes. Se analizan así los orígenes documentales, población, economía y la organización eclesiástica y administrativa.

Summary

This article offers ano ver-view of the town of Abaurrea at that time, making a review of the limited existing sources. The documentary origins, as well as the population, the economy and the administrative and eclesiastic organizations are here analyzed.


1.- Introducción. Aézcoa Medieval

En el estado actual de nuestros conocimientos, el valle Aézcoa aparece por primera vez en la historia –es decir, en textos escritos- en el siglo XI, configurado como un distrito o “tenencia” a cargo de un “senior” o señor que figura como testigo en varios documentos de la época. Ese señor era sin duda delegado político-militar del rey, en cuyo nombre administraría justicia y percibiría las exacciones fiscales o impuestos correspondientes al valle o “tenencia”.

Aézcoa sería un territorio pequeño en comparación con el de otras “tenencias”, alejado de la frontera y, por lo tanto, al margen de las grandes atenciones del reino. Su importancia sería más bien escasa. Por esto, sólo excepcionalmente asoma a la documentación.

A mediados del siglo XI se puede suponer que había excedentes de población. Esta circunstancia, junto con la pobreza de las tierras –motivada por su estructura geográfica-, debió de propiciar ciertas corrientes migratorias, como la que consta en un documento del Monasterio de San Juan de la Peña, fechado en 1056, según el cual el abad de este cenobio dio el término de Santiago de Aibar a varios hombres de Aézcoa para que lo poblasen.

Su economía sería de subsistencia y estaría basada en la agricultura y la ganadería; agricultura cerealista, con fuertes exigencias de mano de obra, por la naturaleza del suelo y el clima, poco propicios a este tipo de cultivos.

La ganadería era sobre todo porcina y vacuna, pues estas especies son las que registra la documentación posterior. Según sabemos para el siglo XIV las vacas del valle iban a pastar a las landas bordelesas y pagaban un impuesto, en este caso de una cabeza por cabaña, por cruzar las tierras de Mixa y Ostabares. En cuanto a los cerdos, se sabe que pastaban en los montes del valle.

Las iglesias fueron adscritas a la colegiata de Roncesvalles, regida cada una de ellas por un “abad”, el cual podía tener bienes propios o no; en todo caso, disponía de las rentas eclesiásticas del respectivo pueblo, con las cuales se podía sustentar, en ciertos casos, un beneficiado.

Para conocer la población de Aézcoa en aquellos siglos, disponemos de los llamados “Libros de Fuegos” de 1366 y 1427. Comparándolos se advierte un aumento de población entre ambas fechas a pesar de las epidemias recurrentes desde la famosa “peste negra” de 1348, que tanto afectó a Navarra.

El rey Sancho el Sabio concedió fueros a los de Aézcoa en 1169. También lo hizo su hijo Sancho VII el fuerte en 1229, otorgándoles el privilegio de acompañar al rey en guarda de su persona. Los reyes Carlos III (junio 1387 y mayo 1408), Juan II (1462) y Catalina de Foix y Juan de Albret (1469) ratificaron posteriormente estos fueros. En todo caso, caducado en el segundo tercio del siglo XIII el régimen de “tenencias”, Aézcoa conserva su personalidad jurídica, como circunscripción menor del reino –una “bailía” o “amiratía”, almiradio -, dentro de la merindad de Sangüesa y como entidad municipal, regida por una junta de representantes, jurados, de los diversos núcleos de población de la “tierra” o “valle”.




2.- Entrada de Abaurrea en la Historia

A partir del siglo XII comienzan a citarse expresamente núcleos de población diferenciados, dentro del valle de Aézcoa, mas no puede probarse, por falta de información documental, la mayor o menor antigüedad de sus distintos pueblos. Sólo uno de los topónimos, Villanueva o Iriberri, invita a suponer una implantación humana relativamente tardía.

Que sepamos actualmente, Abaurrea consta por primera vez en un texto escrito y, por tanto, nace para la historia, en un documento del año 1237, expedido por el rey Teobaldo I, que era conde de Champaña cuando ascendió al trono de Navarra, en 1234, para suceder a su tío Sancho VII el Fuerte.

En dicho diploma el monarca decide crear una población en el puio sobre Aveurrea, a la cual debería denominarse Castel Nuevo o Castillonuevo. El nuevo núcleo se instalaría en el término de Zazaoz. Parece que este término era objeto de frecuentes disputas entre los de Abaurrea y los de Salazar.

Para evitar pleitos y violencias que por ello se habían producido, Teobaldo decretó dotar de personalidad propia al nuevo lugar, cuyos límites o mugas describe el citado documento.

Caben en este punto varias hipótesis. Primera, la de que Castillonuevo diese origen a la actual Abaurrea Alta; en este supuesto no se excluye la posibilidad de que la fundación se hiciera sobre un hábitat preexistente –ocupado siquiera en función de las atenciones ganaderas-, lo cual corroboraría la creencia popular de que Abaurrea Alta habría nacido a partir de las bordas de Abaurrea Baja. También puede apuntarse la idea de que Castillonuevo, definido jurídicamente como término, pudo ir atrayendo a los excedentes de población de Abaurrea Baja, dando lugar a un desdoblamiento del primitivo núcleo; esto explicaría la identidad de nombre de los dos poblados, a los cuales se diferenciaría por su emplazamiento, Abaurrea Baja, la originaria, y Abaurrea Alta, su réplica posterior. Finalmente no debe excluirse la posibilidad de que Castillonuevo nunca llegara a poblarse ni habitarse efectivamente, como opinó J. Yanguas y Miranda.


Queda pues, planteado el problema que quizás pueda resolverse en ulteriores estudios.

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