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jueves, 23 de febrero de 2017

El retablo de la discordía (2/2)


Continuamos con el genial artículo de Jesús Arraiza Frauca:

Exterior de la Ermita de San Esteban

Orbaiceta y el valle defienden sus posturas

Efectivamente, valle y villa se manifiestan en batalla dialéctica, exponiendo sus razones y descreditando las contrarias.

Afirma Orbaiceta que la devoción a San Esteban se halla extendida universalmente ya por España y ya por Francia. Tanto se quiere al Santo Protomártir que aún hasta el día de hoy está confirmado patentemente por las astillitas que quitan al retablo los devotos que acuden a aquel santuario para satisfacer su devoción. Llega a afirmar que incluso muchos piensan que la imagen apareció de forma milagrosa y es venerada desde un tiempo del que no se tiene memoria. Cita Orbaiceta, incluso, un milagro obrado en la ermita por intercesión de San Esteban: en nuestro tiempo se ha visto llevar a un enfermo a la basílica en parigüelas y al decir la misa quedarse repentinamente sano, de modo que volvió por su pie a su casa.

A estas razones contesta el valle arguyendo, sobre todo en lo referente a la aparición, que son cosa de pura arbitrariedad del vulgo más craso. Aduce, además, que la ermita de San Esteban se halla en despoblado y muy lejos de los pueblos, para hacer con orden y devoción la romería, pues en los más de los pueblos la procesión sale a las cuatro de la mañana y vuelve a sus parroquias a las cinco de la tarde, permaneciendo en la ermita tres horas. La fatiga y el cansancio, juntamente con el excesivo calor que suele hacer ordinariamente en aquel día, son causa de que la gente se distraiga en la procesión, yéndose a gavillas, sin silencio ni compostura alguna, no edificando ni inspirando respeto sino escandalizando no obstante, cualesquiera diligencias oportunas que se han adoptado para cortar este desorden, el cual se ha observado mayor a la vuelta, pues, abandonando las cruces en la ermita, se adelantan los más de la procesión a los lugares inmediatos a comer y beber, a divertirse en el camino no ajustándose con ella hasta el punto donde cada párroco sucesivamente se incorpora con la cruz, y aún entonces, no pocas veces, con desorden y escándalo; cuyos abusos no pueden proceder sino de un principio de irreligión o ignorancia.

Exterior de la Ermita de San Joaquin

El valle llega a concretar, como una de las causas de estos desórdenes, la proximidad de la jurisdicción francesa, más expuesta que nunca al presente por causa de su actual constitución de indiferencia. Otra causa se basa en las distancias de cada uno de los pueblos de San Esteban: de Abaurrea Alta, cuatro leguas de camino, y procesionalmente se necesitan seis horas; de Abaurrea la Baja tres leguas y media; de Garayoa, Arive y Aria tres leguas; de Garralda, cuatro; de Orbara, dos; de Villanueva, dos y media; y legua y media del lugar parte contraria.

Otras causas alega el valle para disuadir a los fieles de las procesiones a San Esteban: el que la ermita ha sido profanada, asilo de contrabandistas y ladrones, los de Orbaiceta han guardado con frecuencia sus mieses en la ermita y a veces el ganado; y esto ha ocurrido por estar tan retirada de toda población y siempre sin custodio por su destemplada y desierta situación.

Entre las varias alegaciones, el valle da cuenta de varias romerías que se hacían en la antigüedad, suprimidas a causa de la gran distancia; así, consta que anteriormente se realizaban procesiones a la Virgen de Muskilda, en Ochagavía, y a San Salvador de Roncesvalles, consistente en Ibañeta.

Y concluyen los reunidos en Arive: “Por todo lo cual, no sólo no es escandalosa la pretensión del valle, sino muy conforme al espíritu de verdadera religión y de la Iglesia”. Por lo mismo desean “radicar más y más el culto a San Esteban… fijando su antiguo retablo y la imagen que se construyere en la ermita de San Joaquín, custodiada día y noche por un ermitaño de vida muy cristiana, para evitar profanaciones”. En apoyo a tal aseveración y de tal propósito aporta el procurador Armendariz una sensata aproximación a las teorías más altas sobre la religiosidad popular: “Siendo los santuarios los lugares más respetables de la tierra, venerables a los ángeles y terribles a los demonios, en donde Dios se ha obligado a oír nuestros votos, recibir nuestros cultos, escuchar nuestras oraciones y atender a nuestras necesidades, principalmente por la intercesión de los santos que en ellos se veneran, merecen ser respetados de los hombres con una religiosa reverencia, un sano temor y modestia edificativa”.

Claro que en Orbaiceta no veían las cosas como en el valle. Comenzaron por ganar para su causa a los vecinos de Villanueva, con los que pudieron contar a lo largo de la causa entablada desde el 21 de julio de 1798.

Por de pronto, afirma el procurador Arrizabala, en nombre de la villa que, “el valle busca su propia comodidad con capa de virtud”; más valía al valle, añade, atender a San Esteban como los de Orbaiceta que pusieron decente la ermita y solicitaron al obispo su bendición, quien concedió al párroco facultad para darla y en efecto la dio el 13 de junio del 97. Y pasan a desmontar los argumentos contrarios.

Afirman rotundamente: aún cuando fuese cierto cuanto la contraria alega en lo relativo a los excesos en las procesiones, que es lo principal en que se funda, lo único a lo que pudiera influir es a que se extinguieren, pero de ningún modo a quitar de su lugar al santo protomártir, cuya ermita por su antigüedad, milagros patentes que ha querido Dios obrar en ella y por la devoción de los fieles, les merece a estos la primera atención.

No es albergue de contrabandistas y ladrones antes el alegato es una ficción conocida, porque en aquel sitio no hay camino; al paso se encuentran las bordas del lugar, mi parte, bien provistas de alimentos y forraje.

Si alguna vez se ha albergado ganado es muy fácil evitarlo castigando severamente a quien se averigüe haberlo introducido.

No se han depositado las mieses, porque sus sembrados y prados están muy distantes del pueblo.

En la guerra sirvió de cuartel, pero habiéndose arruinado se edificó a cuenta del Soberano.
Tampoco puede ser causa para intentar cerrarla el que se halle en el desierto, pues está a la vista de las bordas que pueden considerarse como una población, pues en desierto se ven los santuarios más venerables de este reino y sus inmediaciones, como sucede en San Miguel de Excelsis, Roncesvalles y Aránzazu.

Une esta argumentación Orbaiceta citando excesos y tropelías en esos santuarios, a pesar de que los mismos no fueron ni cerrados ni trasladados: el de Roncesvalles de cuya traslación se trató en la Cámara a resultas de los estragos que padeció en la última guerra; y sin embargo de ellos y de su proximidad con la Francia se resolvió su permanencia, y en efecto se están construyendo edificios; en el referido San Miguel de Excelsis se cometieron el último año los excesos que son notorios y sin embargo a nadie se le ha ocurrido remover el Santo Angel del lugar que él mismo escogió.

Para apoyar con fuerza sus argumentos, aportan en Orbaiceta incluso un milagro ocurrido en la ermita de San Esteban lo cual venía a probar la seriedad y solidez devocional: En nuestros tiempos se ha visto llevar a un enfermo a la basílica en parihuelas y al decir la misa quedarse repentinamente sano, de modo que volvió por su pie a su casa.

Y aún más. La situación de la ermita y de culto en el lugar donde se halla favorece la presencia de los fieles franceses que también acuden a ella en romería a pesar de que se aduzca la peligrosidad de su vecindad, pues desde que no se alcanza la memoria ya se había hallado la Francia con igual o menos favorable disposición hacia la Iglesia; de lo contado ha tenido varias guerras contra España y sin embargo siempre ha permanecido San Esteban en el mismo sitio ; y manifestando cierta conmiseración hacia los vecinos afirman los de Orbaiceta: aquellos tristes franceses, en medio de las turbaciones de la Francia, han conservado las máximas católicas en lo íntimo de su corazón, tienen el consuelo de recibir en aquella basílica los auxilios de la Iglesia y se ve que algunos se han llevado consigo astillas del retablo, y aún ha habido quien se llevó porción de tierra de suelo de la ermita. Circunstancias todas que incluyen mucho para que no se haga novedad.

Entorno de la Ermita de San Esteban, cortesía de Nicola Aragona
Pero el valle insiste en la novedad del traslado, incluso con el argumento de los mismos tristes franceses y de sus consuelos devocionales, presentando prioridades: Y ya que la contraria manifiesta tanto celo por proporcionar a los franceses, nuestros limitáneos, la oportunidad de poder satisfacer a la ardiente devoción que supone profesan al Santo, contribuyendo el Valle a tan interesante objeto, no excusa poner en claro que dichos franceses lograrán mejor esta dicha colocándose la Santa Imagen del Protomártir en la ermita de San Joaquín, pues que concurriendo aquellos todos los años en gran número al lugar de Aribe conmotivo de tomar sus aguas minerales, y hallándose aquella situada a mucha inmediación de dicho pueblo, no hay duda podrían ir allá diariamente tarde y mañana por vía de paseo a hacer sus depreciaciones, ponerse bajo la protección y tutela de su predilecto Santo y conseguir sus bendiciones.

Parece lógico, astuto y bien pensado el argumento del valle tratando de favorecer a los franceses que acudían a tomar las aguas y bañarseen los baños de Arive. Pero Orbaiceta no cede. Si el valle ve peligros en la romería a los Puertos Grandes, los de aquella villa quiere verlos en todas partes, especialmente en Arive para los franceses de cuya fe y devociones se sienten tan diligentes defensores; en este sentido alegan son de temerse mayores profanaciones si se traslada el Santo Retablo al sitio que la contraria pretende por su inmediación a la taberna de Aribe y su posada, donde hay mucha concurrencia como es cierto, y dirán los testigos… De removerse la Santa Imagen del sitio donde desde inmemorial ha estado y que eligió, según se cree, resultará sin duda alguna, según es la condición humana, el resfriarse su devoción, no sólo para los naturales del país, sino también para con los franceses y otros forasteros.

Sin embargo, parece ser que el argumento de las aguas tenían su peso para el valle, pues recurren a sus valores para insistir en el retablo a San Joaquín de Arive; afirman, consecuentes en su articulado: Se viene en conocimiento claro no sólo de la mayor devoción y culto al Santo Protomártir por la comunidad mi parte, sino también de que se proporciona ventajosa comodidad a los pueblos de él, villa de Burguete, los de los valles de Erro, Arce y Salazar, como circunvecinos; y no menor al numerosos concurso de gentes que pasan a tomar las aguas medicinales del referido lugar de Arive, así de este Reino, como de la Francia; según es cierto, público y notorio.

Interior de la Ermita de San Esteban en la actualidad, por cortesía de Nicola Aragona

Pleito solucionado

A los siete meses y medio de iniciado el proceso llegó la solución. Las razones de unos quedaron en palabras y escritos; válidos al fin. Orbaiceta se cansó de pleitear y tiró su toalla. El 30 de Enero de 1799 estando juntos y congregados en la forma que lo tienen de costumbre, celebrando concejo tañida su campana parroquial, los regidores y el concejo del lugar habiendo meditado con madura reflexión los graves perjuicios que hasta aquí han experimentado en la prosecución de esta instancia y los que se habían de seguir continuándola por sus trámites regulares, en el inmenso coste que les había de tener, y por otras justas causas… hacer aparcamiento formal de este pleito.

Como consecuencia de la retirada de Orbaiceta, fácil le fue al Provisor y Vicario General, Doctor Rafael Blázquez Prieto, dictar sentencia en Pamplona el 27 de febrero de 1799, confirmando la resolución del Valle y Universidad de la Aézcoa.

El retablo de San Esteban fue bajado desde los Puertos Grandes a la ermita de San Joaquín; el valle pagó la escultura de una nueva imagen del Protomártir; las procesiones, dos al año, se reanudaron desde los pueblos hasta Arive. Y los “aguatomantes” pudieron ocupar sus tardes en visitar a sus santos y cumplir sus devociones sin tener que desplazarse con superiores dificultades.

Hoy la ermita de San Joaquín está cerrada para el culto. Ojalá pronto pueda reanudarse la devoción de los aezcoanos a su patrono en su sede propia. La de San Esteban se halla abierta; a la misma acuden desde Orbaiceta en agosto y en diciembre para honrar a su santo.

Jesús Arraiza Frauca

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