lunes, 28 de agosto de 2017

El regreso de Francisca Celay

¡Hola! No me puedo quejar de colaboradores y amigos, que cuando encuentran algo sobre Abaurrea Alta en la hemeroteca no dudan en compartirlo conmigo -y contigo-. 

En este caso me han mandado una noticia aparecida en el Diario de Navarra el 1 de Julio de 1992 escrita por Paco Sanz, el artículo trata sobre el regreso de Francisca Celay, de Casa Echeverri (o Etxeberri) a su pueblo natal, Abaurrea Alta. 

Es un testimonio valioso, de una indiana que vuelve a su tierra natal y cuenta cómo es la vida en Argentina, cómo se organizan allá los Aezkoanos y cómo ha encontrado su querido pueblo después de tanto tiempo. 

¡¡Espero que te guste!!


Francisca sentada junto a su hermana María y su sobrino-nieto Xabier. Arriba, su sobrino Javier y las hijas de este, Yael y Aida. 

Las mejores fiestas de Francisca Celay

Las mejóres fiestas de Francisca Celay • Tras 43 años trabajando en Argentina regresó a su localidad natal de Abaurrea Alta • «La vida allí es muy brava»

«Por el camino me fui poniendo nerviosa, pero cuando llegamos a casa Ordoqui, dimos la curva y vi la iglesia me empezaron a temblar las piernas y me emocioné de verdad».

De esta forma describía Francisca Celay Lorea, de 70 años, su regreso a Abaurrea Alta después de estar 43 años trabajando en Argentina, país al que marchó de joven en busca de trabajo como muchos otros aezcoanos. La vuelta ha coincidido con las fiestas patronales de San Pedro y su alegría por el regreso se une a la de sus paisanos, muchos de los cuales le han saludado desde que llegó el viernes

Francisca Celay, de casa Echeverri, marchó a Corrientes a la edad de 27 años, gracias a que un tío carnal suyo le «reclamó»: «Entonces había un convenio entre los dos países y se podía salir a trabajar siempre que tuvieras un contacto o un familiar que lo solicitara. Yo marché con un primo, Miguel Merino, de casa Ordoqui». Francisca Celay trabajó durante cuatro años y medio en una finca, propiedad de tres socios, cuyo origen era también de Abaurrea Alta: «Era una estancia que pertenecía a las familias Iriarte, Elizondo y Lorea y que tenía una superficie similar a la del valle de Aézcoa. La principal riqueza eran las vacas y las ovejas, aunque yo trabajaba en la casa. Después fuí a Buenos Aires y estuve otros cuatro años y medio en un laboratorio de medicina». 

Francisca Celay, sonriente después de volver a Abaurrea Alta
En aquellos primeros años el contacto con otros emigrantes será frecuente, «Nos juntábamos vecinos de Orbaiceta. Garayoa y de todo el valle, así como con otros de Guipúzcoa en el frontón Eusko Txokoa. 

Luego se derribó y fuimos perdiendo el contacto, aunque suele haber fiestas anuales en los centros navarros». 

Pesito a pesito, después del trabajo en el labo ratorio, los ahorros permitieron a Francisca abrir un pequeño comercio de mercería en el que ha estado trabajando hasta ahora. 

Francisca se casó con un argentino, Esteban Puentes, fallecido hace unos años, y tiene una hija Sandra, de 25 años que ha tenido un niño hace 9 meses y que se llama Javier Esteban.

«Pesito a pesito» —cómo dice Francisca— «he ido ahorrando después de que se casara la hija y al final he podido volver». Las noticias de Abaurrea y del valle llegaban por carta y alguna vez por teléfono, «pero siempre con el deseo de volver aquí, algo que pedía a Dios y por fin lo he conseguido, aunque sea por tres meses». Francisca repartirá su tiempo entre Olaz, donde viven sus hermanos Josefina y Cándido, y Abaurrea Altá, donde está el resto de la familia. Con su acento argentino, Francisca bromea sobre el momento en que llegó al aeropuerto, cuando preguntó a su hermano Cándido quién era la señora que le había abrazado nada más bajar, «¡Pues María, de Echeverri!», le respondió sorprendido al ver que no reconocía a su hermana. 

Contenta y emociónada, Francisca participó en el aperitivo de los jubilados que tuvo lugar en el bar Pirineo el pasado domingo: Momentos más tardé comentaba las diferencias en el paisaje entre Argentina y Aézcoa. «Allí no se ven árboles, todo es plano y de campos inmensos, pero aquí es distinto con los bosques, los montes. Ahora, que allí la vida es muy brava». Algunas caras cambiadas, muchas nuevas y unas cuantas casas más, «hay más garajes y bajeras, como dicen ustedes áquí. y por eso parece que están las casas un poco más separadas. Me da esa impresión. Pero el pueblo está lindísimo».

Paco Sanz

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