jueves, 25 de enero de 2018

La Canción de Roland (34/34)

 2.- La Embajada
3.- Ganelón y Blancandrín
4.-La traición de Ganelón
5.-El sueño de Carlomagno
6.-Roldán y los Doce Pares
7.-Marsil y sus aliados
8.-Roldán y Oliveros
9.- El Combate
10.- Los últimos combates
11.- Mueren los capitanes de Roldán
12.- El Olifante de Roldán
13.- La muerte de Oliveros
14.- La derrota de los infieles
15.- La peña de Roldán
16.- La muerte de Roldán
17.- La victoria de Carlomagno
18.- La visión


34.- El Castigo

Después de su victoria el duque Terrín se dirigió hacia el emperador. Con él iban el duque Naimón, Ogier el danés, Godofredo de Anjou y Guillermo de Blaye.

Cuando vio a Terrín el rey le abrazó con mucho afecto. Luego con sus pieles de marta restañó la herida en el rostro del duque. 
Terrín estaba muy fatigado a consecuencia del combate. Sus amigos le desarmaron, le montaron en una mula árabe y le condujeron hasta la ciudad.

El emperador, ya de regreso a Aquistgrán, llamó a sus duques y condes.

-¿Qué debo hacer con los rehenes? –preguntó-. Eran partidarios de Ganelon y por Pinabel se entregaron en prenda.

Y todos los presentes contestaron al unísono:

-Deben morir sin remisión. Sabían ya lo que les esperaba cuando se entregaron en rehenes.

Carlos llamó a Basbrun, uno de los oficiales de su escolta personal y le ordenó lo siguiente:

-Coge a todos los rehenes y llévalos a las afueras de la ciudad. Que mueran colgados de un árbol. Y si uno sólo se escapa, tu respondes con la cabeza.

-No tengáis cuidado, señor, se hará tal como es vuestro deseo.

Al mando de cien hombres el oficial se llevó a viva fuerza a los sentenciados. Eran treinta y fueron ahorcados sin que les valieran sus protestas.

De esta manera quiso demostrar el emperador que quien traiciona pierde también a los otros.



Muertos los treinta parientes de Ganelón sólo quedaba éste para que la justicia se cumpliera en toda su integridad. Estaban presentes los bávaros, alemanes, poitevinos, bretones y normandos, además de los franceses. Todos estaban de acuerdo en que Ganelón debía morir de una muerte tan vil como sus acciones.

El rey Carlos pronunció la sentencia y acto seguido trajeron cuatro caballos y a aquellos se ataron los pies y las manos del reo. Azuzaron a los corceles que eran fogosos y veloces. Había llegado el último momento de Ganelón. Todos sus nervios se quedaron en tensión; se quebraron los miembros de su cuerpo y sobre la verde hierba corrió la sangre del traidor. 



Se había hecho justicia con el culpable de la muerte de Roldán y de tantos caballeros franceses.

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FIN

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La canción de Roldan. Cantar de gesta anónimo (de Turold)
Traducido y adaptado por A. Cunillera Gavaldá.

Más información sobre esta obra y sobre El Tapiz de Roldan (que ha ilustrado estos 34 capítulos) pulsando aquí.  .

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