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sábado, 23 de enero de 2016

Arqueología en Zatoya (1/12)

TRABAJOS DE ARQUEOLOGÍA EN LA CUEVA DE ZATOYA (1/12)

El número 8 de los cuadernos de Arqueología Navarra está exclusivamente dedicado al yacimiento prehistórico de Zatoya. Estos trabajos de excavación fueron realizados en la década de los 70 y os los presentamos a modo de extras en este blog. Se divide en 12 partes y la idea es ir colgándolas a lo largo del próximo año a razón de una al mes. Como ya os conté en la entrada dedicada al Zatoya, la cueva sólo fue excavada en su primer tramo y se cerró a la espera de futuras intervenciones.

Su primer capítulo se titula “El sitio de Zatoya y su relleno arqueológico” está escrito por Ignacio Barandiarán, del Dpto de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la Universidad del País Vasco.
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Figura 1; Situación del yacimiento de Zatoya en la provincia de Navarra

EL SITIO DE ZATOYA Y SU RELLENO ARQUEOLÓGICO

1.- Las condiciones del yacimiento

Se halla inscrito con la sigla NA-189/117, como “Cueva de Zatoya”, en el Catálogo Espeleológico de Navarra (1980 pp96), donde se la describe así: “Cavidad horizontal existente en la carretera de Abaurrea Alta a Jaurrieta a la izquierda de la misma y en un desmonte o frente de la cantera, antes del puente sobre el Zatoya. La boca actual apareció al extraer la piedra para el firme, estando la verdadera tapada por acumulo de materiales y vegetación. La galería interior tiene un desarrollo de unos 100 m, toda ella horizontal.
Arqueología.
Figura 2; Detalle de la situación del yacimiento de
Zatoya en la cuenca del alto Zatoya, con los núcleos
actuales de población. 

Latitud: 45º54´00´´; Longitud: 2º30´20´´ Atitud 900m

Se ubica, con esas coordenadas en la hoja nº117 del mapa a escala 1/50.000 del instituto geográfico y catastral de España. Se halla sobre el lado izquierdo de la carretera local Burguete-Escároz entre las localidades de Abaurrea Alta y Jaurrieta en su punto kilométrico 22,625 (fig 1).

El terreno donde se abre la cueva es propiedad de Don Segundo Arrese Uriarte, vecino de Abaurrea Alta que nos ha dado todas las facilidades para su estudio.
La caverna se halla en el término municipal de Abaurrea Alta, de la merindad de Sangüesa. Pertenece a la comarca natural de los valles pirenaicos, de montaña, en el límite oriental del de Aézcoa con el de Salazar. (fig 2)


a. El conjunto espeleológico

Esta cueva de Zatoya forma parte de un conjunto cárstico algo complicado; que sepamos, existen tres galerías subhorizontales parcialmente superpuestas con orientación axial dominante NW/SE. Se integran, obviamente, en una antigua red de drenaje hacia el cauce del río Zatoya que se halla hoy a unos 30 m de distancia linear aunque encajado en un valle relativamente estrecho en cota de 40 a 50 m más baja.

Denominamos simplemente cueva de Zatoya a la cavidad “Zatoya n1” donde hemos centrado nuestra investigación arqueológica. “Zatoya n2” es la que se encuentra en el plano inmediato inferior (fig 3)

La cueva de Zatoya 1 fue descubierta al saltar un barreno de la cantera próxima para 
obtener la piedra necesaria al arreglo de la carretera que desde Arive –por Garayoa y Abaurrea Alta- va a Jaurrieta y Escároz. Se refiere entre los vecinos de Abaurrea Alta que se hallaron entonces (por los años 30 de este siglo) en su interior varios restos humanos (calaveras y esqueletos “completos”). Un anciano nos ha hablado de tres en concreto, dos de adulto y uno de niño.

La cueva de Zatoya 1 tiene un recorrido total de 97 a 99m. Su sección transversal dominante es aproximadamente de medio cañón (en su máxima altura alcanza los 5,40m), de paredes lisas, como producida por la actuación de agua que circulaba a gran presión de dentro a fuera (según la pendiente de su recorrido) que la originó a costa de las calizas duras con cristales visibles, de color marrón-gris (E62/F62 en las tablas de Cailleux-Taylor). Su boca, de 10m, de anchura máxima, se abre hacia el Sudeste/Sur a 163º (figuras 4,5 y 6)

En la mayor parte de su extensión se ha depositado sobre la roca de base un horizonte bastante potente de arcillas de color marrón oliva (F74) que contienen algunos huesos de grandes vertebrados (Ursus, probablemente spaleus, según la información de I. Santesteban anotada en el Catálogo Espeleológico de Navarra). Sobre esas arcillas se ha formado una capa estalagmítica de espesor variable (entre 4 y 60 cm) según parajes.

La Cueva de Zatoya 2 fue explorada por nosotros los días 27 y 29 de agosto de 1975. Es referida bajo la sigla NA-305/116 en el Catálogo Espeleológico de Navarra (1980, pp114) como “Cavidad horizontal situada bajo la carretera de Abaurrea Alta a Jaurrieta antes del puente sobre el río Zatoya. Boca estrecha que conduce a galería baja y pequeña sala, muchos derrubios. Latitud 42º54´00´´ Longitud 2º30´40´´ Altitud 890m.
Su boca actual, de 2,80m de ancho y 0,30m de altura enmascarada por maleza, se orienta hacia el Este (95º); emplazándose a 11,40m bajo el nivel 0 de la cueva de Zatoya 1 y a 56 metros de distancia de ella. Su eje principal se dirige de W.NW a E.SE; mide hoy 31,40m de longitud y se conforma como una galería de anchura media a cuyo fondo se produce un ensanche como sala de 10m de anchura.

El fondo de una corta galería al Nordeste de Zatoya 2 aparece obturado por un considerable derrumbe de bloques calizos de rotura aparentemente reciente, acaso al llevarse a cabo las obras de la carretera cuyo costado oriental se sitúa en la misma vertical de la cueva. Hay otros derrumbes en la zona media de la galería principal, advirtiéndose a 21m de la entrada un agujero en el techo de la cavidad que parece conducir a alguna galería superior y, probablemente, comunicó con el exterior al abrirse la carretera. Sobre su pared septentrional se aprecian zarpazos de oso. En superficie hay restos humanos de aspecto no moderno, algunos de ellos están parcialmente cubiertos por costras estalagmíticas.

Figura 3; Plantas de las cuevas Zatoya 1 (vestíbulo y parte anterior) y Zatoya 2. Se indican las cotas de referencia (0m en Zatoya1, 11,40m en Zatoya2) y la existencia de huesos humanos en superficie y de zarpazos de oso en las paredes de Zatoya 2

Don Dionisio Ancho, vecino de Abaurrea Alta, nos refirió en agosto de 1975 las circunstancias de hallazgo de Zatoya 2. La cueva fue descubierta al realizarse el trazado moderno de la carretera, por los años 1932-1934. Quien ponía los barrenos –según recuerdan en Abaurrea- produjo un hueco en el suelo por el que se descendió al interior de la cueva encontrándose numerosos esqueletos que, según se pensaba en el pueblo, serían víctimas de la Inquisición. Con ello se aludía, en la memoria generalizada entre las gentes de esta zona de la Aézcoa, a la gran represión de brujas que en el reinado de Felipe IV de Navarra –II de Castilla- en 1575 produjo varios procesos de importancia ante Tribunales civiles navarros en esta comarca, en Burguete y en la Ulzama. Los condenados por la Inquisición, al decir de los vecinos de Abaurrea, serían introducidos por aquel hueco del techo de Zatoya 2 y al no poder salir de la cueva, por estar bloqueada su embocadura por un muro, morían en su interior. Aquellos inquisidores (a los que en euskera se les llamaba también Oilalamiak) perseguían, entre otros, a gentes de grandes barbas que molestaban reiteradamente a los vecinos, montándose, por ejemplo, encima de los arados y haciendo imposible que las yuntas se movieran y trabajaran.

El Catálogo Espeleológico de Navarra (1980, pp134) refiere otra cavidad próxima en la misma zona, Zatoya 3 (NA431/116) “En la carretera de Abaurrea Alta a Jaurrieta bajo el puente del río Zatoya y en la orilla derecha; plano inclinado y galería amplia en cuya bóveda se apoya uno de los pilares del puente. Es posible su comunicación con Zatoya 2 que queda más arriba. Latitud 42º54´00´´ Longitud 2º30´50´´ Altitud 860m. Parece que esta cueva es también denominada por el del paraje con el nombre de Sorginzubi.

Hay otra cueva próxima que también se dirige hacia la barrancada del Zatoya llamada Iturrion (“fuente buena”). Se cuenta que una chica de la borda del Barrio saliendo de casa se perdió e iba devanando hilo del huso que llevaba hasta aparecer en la cueva de Iturrion, al ser encontrada, advirtió a sus amigas que no debían salir de noche para evitar el mal que a ella le aconteció.

Figura 4; Planta general de Zatoya 1 con indicación de las zonas excavadas en la parte anterior y de los sondeos (S1, S2 y S3) en el interior. 

b. El ambiente natural de la zona

La cueva de Zatoya se sitúa en un paisaje de montaña, la rodean inmediatamente alturas superiores a los 1100m (fig2).

El río Zatoya, que nace a unos 4km al SW de ka cavidad en las estribaciones septentrionales del macizo del Baigura, drena la cuenca comprendida entre los macizos y crestas que la enmarcan por el Oeste, el Sur y el Este. (Bongabeina 1118m, Izagibel 1169, Ugareina 1156, Mendizorrotz 1152, Vizcailuz 1341, Arnaize 1376, Baigura 1477, Remendia 1388 y Eugastelua 1103m) y las alturas por el norte de la sierra de Abodi (con las cimas de oeste a este de Berrendi 1354m, Auztarri 1412m, Goñiburu 1426, Idorrokia 1492 y Abodi 1537m)
El Zatoya confluye, cerca de Ochagavía, con el Anduña integrándose en el caudal común del río Salazar, afluente por la izquierda del Ebro.

Esta zona nororiental de Navarra ofrece en su entidad geológica los caracteres propios de “lo pirenaico”, en su depósito tanto en su tectónica. El paraje inmediato a la cueva está formado por calizas y dolomías y depósitos de facies flysch, de comienzos del Terciario marino (Paleoceno y Eoceno inferior y medio). Aquí se conforma un paisaje típico de cordillera alpina con rocas alternantes (flysch) entre las que aparecen focos de calizas y dolomías más resistentes.

Figura 5; Detalle del techo de la parte de
embocadura (vestíbulo) de la cueva

Los datos climatológicos de la zona están suficientemente comentados en el Gran Atlas de Navarra coordinado por A. Floristán (1986). Los vientos lluviosos predominantes son los del Noroeste, con una pluviosidad –típica del Pirineo Navarro- superior a los 1200mm anuales. El sitio de Zatoya se incluye exactamente en las curvas de precipitación de los 1200 a los 1400, muy cerca de las de 1400 a 1600. La influencia oceánica, algo atemperada ya por la distancia del mar, supone aquí que en torno al 35% de las precipitaciones del año se produzcan en el periodo invernal. Más en concreto, se registran de 350 a 450mm en otoño, unos 450 en invierno, de 350 a 450 en primavera y de 150 a 200 en verano; en 110  120 días de precipitación –sobre todo en diciembre y enero., Corresponde a esta zona la calificación climática de perhúmeda en la escala de Thornthwaite.

 La zona de Zatoya se sitúa en la banda de temperatura anual de 8 a 10º, con una oscilación extrema de 24. La media de las mínimas de invierno es de 0 a -1 y de las máximas de verano de 21 a 23. Los vientos dominantes, como situación común a la mayor parte del suelo Navarro, son los del norte, noroeste y oeste.

El paisaje vegetal “no humanizado” de esta zona combina el dominio del bosque caducifolio húmedo (robles, avellanos y fresnos) –en la misma cuenca del Zatoya. Con un espacio circundante de bosque de pino albar, con mayoría de Pinus sylvestris, bojes y Quercetum hylocomio.


c. El mapa de yacimientos prehistóricos próximos

En esta zona septentrional de Navarra, de las cuencas de los Irati, Zatoya e Isaba, se ubican varias concentraciones de yacimientos prehistóricos. La mayoría de ellos se incluyen en el apartado de la cultura dolménica, siendo las “estaciones” o “sectores” más próximos a Zatoya los de los monumentos de Elke-Corona de Urkulum de Abodi-Salazar y más alejados los de Urepel-Ibañeta, Auritz, Idokorri-Ugarra, Leire-Illón y Roncal-Ansó.


Figura 6; Formaciones estalagmíticas de la cueva 
en la zona de paso al interior
Los yacimientos en cuevas –funerarias o de habitación- escasean; se pueden recordar el de la cueva del Moro (en Aspurz) y los de la zona de Leire-Illón, a saber las de los Moros de la Foz (en Navascués), de Valdesoto (en Planas/Navascués) y del Padre Aresi (en Bigüenzal). Su dispersión se debe, sin duda, a carencias de una prospección sistematizada de estas zonas.

En la zona del Iraty, dentro del suelo francés ha citado J. Descheemaeker, sin demasiado detalle, un sitio al aire libre, el lugar de Artxilondo, con evidencias de industrias líticas atribuídas sin seguridad al Magdaleniense.

En febrero de 1988 se ha determinado la existencia de una cueva (casi totalmente destruída) en el lugar de Aizpea (Arive). Su excavación, en curso por A.Cava, advierte una ocupación en el Epipaleolítico de facies geométrica y en época prehistórica posterior.

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2.- El conocimiento arqueológico del sitio.

a. Intervención en el yacimiento; las campañas de excavación de 1975, 1976 y 1980.

El 17 de Mayo de 1975, advertidos de la existencia de la cueva por el responsable del Grupo de Espeleología de Navarra (Institución Príncipe de Viana) D. Isaac Santesteban, visitaron el sitio I. Barandiarán, Mª A. Beguiristáin y E. Vallespí.
Se comprobó que la entrada franqueable de la cueva era el boquete producido por la explosión de barrenos que extrajeron piedra del sitio para el firme de la carretera próxima. Se advirtió entonces la existencia de la entrada principal –primitiva- cegada por un espeso paquete estratigráfico, que impedía ahora el acceso al interior de la cueva (fig7)

Figura 7; Vista del exterior de la cueva
 de Zatoya
Se practicaron inmediatamente tres sondeos de prospección. Uno somero en el exterior de la cueva (en el cuadro 9G), observándose un depósito muy oscuro, fértil arqueológicamente, con Helix, carbones, huesos e industrias líticas. Otro, en la misma embocadura –y parte central- del vestíbulo (cuadro 1Z), de 40 a 45 cms de profundidad, hallándose relativamente numerosas lascas. El tercero, en la superficie de la pendiente del cono estratigráfico depositado en el interior del vestíbulo (en partes de los cuadros 21B, 15V y 15X), recuperando, entre tierras recientemente revueltas, varios restos óseos humanos de aspecto antiguo (fig 8).

Decidido un plan de excavación sistemática del yacimiento, se gestionaron los oportunos permisos legales. Estas excavaciones de Zatoya fueron autorizadas, bajo la dirección de I.Barandiarán, por la Dirección General del Patrimonio Histórico (Ministerio de Educación y Ciencia y, luego, Ministerio de Cultura) (en 1ª campaña, el 9 de junio de 1975, en 2ª campaña el 31 de enero de 1976 y en 3ª y última campaña el 0 de mayo de 1980) con el compromiso de depositar los materiales obtenidos en el Museo de Navarra, como se hizo en su día.

A.Cava actuó como subdirectora en la 1ª y 2ª campaña asumiendo la responsabilidad de todo el proceso de inventario y sigla de los materiales, I. Barandiarán ejerció la coordinación general del trabajo de excavación y asumió las tomas de control cartográfico y fotográfico y de muestras. En la 1ª campaña se hicieron cargo de la coordinación de los equipos particulares de excavación (“directores de equipo” o “de cuadro”) T. Andrés, Mª A. Beguiristain, E. Berganza, I. Mainer y C. Pérez Arrondo; y en la 2ª campaña P. Arnal, Mª A. Beguiristain, B. Galván, Mª A. Granados e I. Mainer.

El trabajo de campo, en jornadas de ocho horas efectivas, sumó un total de 5.295 horas.


Figura 8; Vestíbulo de la cueva de Zatoya ocupado por el yacimiento arqueológico con cotas de altitud de 10 en 10 cm.
En la campaña de 1975 (2402 horas) se trabajó el mes de agosto íntegro por un equipo medio de trece personas en toda su duración. (I.Barandiarán Maestu como director, Ana Cava Almuzara como subdirectora, Mª Amor Beguiristáin Gúrpide, Isabel Mainer Baqué, Carlos Pérez Arrondo, Eduardo Berganza, Guillermo Iturbe Polo, Mª Ángeles Granados Orcero, Mª Victoria Escribano Paño, Pilar Arnal Guimerá, Javier Fernández Eraso, César González Sainz y Agustín Alabau Hernández), cooperando ocho más durante una semana (Teresa Andrés Rupérez, Pilar Utrilla Miranda, Pilar de Diego Chóliz, Vicente Galbanete Los Arcos, Rosa Galbete Los Arcos y Amelia Baldeón Iñigo) o en tres jornadas (Jose Mª Satrñustegui Zubeldia y Jesús Saenz de Urtarán); tres peones trabajaron al inicio de esta primera campaña, en la limpieza del sitio.

En la campaña de 1976 (2181 horas) la excavación se extendió entre los días 10 de junio y 10 de julio, interviniendo todo este tiempo un equipo medio de trece personas. (I.Barandiarán Maestu como director, Ana Cava Almuzara como subdirectora, Mª Ángeles Granados Orcero, Mª Victoria Escribano Paño, Pilar Arnal Guimerá, Javier Fernández Eraso, César González Sainz, Bertila Galván Santos, Mª José de Val Pardo, Juan Antonio Vives Urbistondo, Mercedes Idoy Heras, Isabel Pérez García y Juan Javier Enriquez Navascués), durante una semana larga seis más (Mª Amor Beguiristáin Gúrpide, Isabel Mainer Baqué, Juan Mainer Baqué, Jesús Sánchez Moreno, Pilar Lucia Miguel y Gloria Lapieza) y alguna campaña suelta Pilar Utrilla Miranda y Javier Zubiaur Carreño.
La campaña de 1980 (712 horas) se desarrolló entre los días11 y 20 de agosto con un equipo de diez arqueólogos (Ignacio Barandiarán Maestu como director, Mª José Val Pardo, Javier Fernández Eraso, César González Sainz, Juan Javier Enríquez Navascués, Javier Larrañaga Elorza, Javier García Sahagún, Ana Giribert Abásolo, Fermín Muñoz Sánchez y Rosa Corres Botella).

Once jornadas más se dedicaron, entre esas tres campañas, a actuaciones complementarias (preparación de la planimetría, controles estratigráficos…) en el yacimiento.

E.Juliá (Dirección de Obras Públicas de la D.F de Navarra) e I. Santesteban prepararon el sistema de cierre (protección con verjas) del yacimiento, obra que se ejecutó por esa Dirección en noviembre de 1975. Tuvimos que estar entonces presentes (I.Barandiaran, A.Cava e I. Mainer) tres días de ese invierno para revisar y recuperar las zonas parcialmente alteradas por la obra del cierre. Al final de la primavera de 1976 trabajaron en el estudio edafológico y toma de muestras del yacimiento los miembros del equipo del Departamento de Suelos de la Estación Experimental Aula Dei (del C.S.I.C Zaragoza) J.Machín, R.Poza y Mª I Poc dirigidos por F.Alberto.

Durante el desarrollo de las campañas de excavación contamos con la visita y asesoramiento de los profesores Dres. Enrique Vallespí (inicios de la 1ª campaña) F. Alberto y J. Machín (comienzo de la 2ª) y M. Hoyos (final de la 3ª): a ellos se deben los juicios valiosos de interpretación cultural y estratigráfica del yacimiento. De especial importancia resultó la cooperación del director de la Institución Príncipe de Viana, Vicente Galbete Guerendiaín, de la directora del Museo de Navarra Mª Ángeles Mezquíriz Irujo (proporcionando algún material de excavación y embalaje) y de Isaac Santesteban (de la comisión de Excavaciones y Arqueología de la D.F de Navarra, responsable de coordinar la protección de cierre del sitio). Diversas gestiones que facilitaron la instalación de nuestro equipo en el yacimiento y la marcha del proceso de la excavación fueron realizadas por D. Victoriano Miqueléis Arbe (secretario del ayuntamiento de Abaurrea) y por la familia de D. Miguel Aróstegui (del Hostal Aróstegui, de Garayoa, donde nos alojamos).

El trabajo de la excavación de Zatoya se desarrolló en esas campañas a partir de la formación de tres equipos de actuación –independientes entre sí- integrados por tres o cuatro personas, que llevaron la responsabilidad inmediata del proceso de extracción de las evidencias y del control estratigráfico en su “corte” respectivo, redactando –en diarios parciales- sus notas de observación particulares. Además, un grupo oscilante de otros tres o cuatro miembros se hacía cargo de la coordinación general, de la limpieza, inventario y sigla y de tareas complementarias. (cartografía, fotografía, dibujos particulares, toma de muestras… ). Este sistema de trabajo –que habitualmente ponemos en práctica- se muestra (asegurada una suficiente preparación técnica y práctica en excavaciones arqueológicas por el equipo integrdo) de gran utilidad para conseguir la máxima eficacia del programa de trabajo. Exige una directísima intervención, en corresponsabilidad, de todos en la mayoría de las etapas del proceso de excavación y procura un continuo y enriquecedor contraste de opiniones a la hora de abordar los múltiples problemas concretos que vayan surgiendo.

A una docena de años del inicio de nuestra primera campaña de excavación en Zatoya, es interesante evaluar la idoneidad de quienes entonces cooperaron con el director en el trabajo de campo del sitio; pues al transcurrir el tiempo bastante de los currículums de aquellos colaboradores se han decantado definitivamente al ejercicio de la arqueología de campo, en su especialidad prehistórica. Intervinieron, como cooperadores en estas tres campañas, un total de treinta y seis personas diferentes, salvo cuatro, eran todas ellas entonces alumnos del segundo ciclo de la especialidad de Prehistoria y Arqueología en diversas Universidades o ya recién licenciados y alguno con tesis en curso de esos temas. Más de las dos terceras partes de este equipo (27 personas) han continuado luego asistiendo a excavaciones en otros sitios y algunos dirigen hoy (los doctores T.Andrés, A.Baldeón, Mª A Beguiristain, A.Cava, J.Fernández Eraso, B. Galván, C. González Sainz, C. Pérez Arrondo y P-Utrilla y los Ldos E.Berganza, J.J Enríquez y G. Iturbe), con los oportunos permisos y subvención oficiales, sus propias campañas de excavación en importantes yacimientos prehistóricos peninsulares. Varios ejercen ahora profesionalmente la docencia universitaria en Prehistoria en diversos centros universitarios, como Catedráticos, Profesores Titulares numerarios, e interinos, asociados o contratados, o tienen responsabilidad de cargo en la protección y conservación del Patrimonio de Arqueología.

En el proceso de excavación del yacimiento, sondeos en profundidad previos a cualquier actuación detenida aseguraban la referencia estratigráfica (y de eventuales suelos u horizontes arqueológicos del depósito) de los niveles en que había de trabajarse. El levantamiento de las tierras, según los principios del método de coordenadas cartesianas, se haría por semitallas (es decir, de 5 cms de espesor) en cada sector de un cuadro. Se cribó el total de las tierras extraídas en seco con mallas de 3 y 3,5 mm de lado. Todo fue limpiado con agua in situ y los materiales líticos sucios por concreciones superficiales de calcita con una muy baja concentración de ácido clorhídrico.

Figura 9; Sistema de cuadrícula adoptada para la excavación 
del yacimiento. 
La planificación general del proceso de la excavación, su desarrollo y planimetría del yacimiento han sido regidos por las normas del sistema de coordenadas expuesto al detalle por G.Laplace-L.Méroc (1954) y por G.Laplace (1971). De acuerdo con estos principios metódicos:

I. Se fijaron en las paredes de la cueva, mediante clavijas metálicas sujetas con cemento, puntos de referencia para el tendido de un plano cuadriculado. La línea 0, de referencia básica, se orienta relativamente de Norte a Sur (a 163º), las bandas paralelas hacia el este se designan por números consecutivos inpares (1,3,5,7…) y las hacia el Oeste por los pares (2,4,6,8…), las bandas perpendiculares por las letras del alfabeto, desde el centro del vestíbulo hacia el norte (z, y, x, w..) y hacia el sur (a,b,c, d…).
Se producen así, en el cruce de esas bandas, cuadrados de 1m de lado, que se designan por la sigla número + letra (fig9)

II. Para ordenar la excavación de cada uno de los cuadros han sido subdivididos en nueve sectores de 33,3x33,3 cms de lado, que se disponen así en el interior de cada cuadro designados del 1 al 9.

III. Las evidencias reconocidas en el momento mismo de la limpieza y extracción de la matriz del estrato son situadas según su posición, de distancia en centímetros, con respecto a las tres coordenadas del espacio cuadriculado; su profundidad (x con respecto al plano 0), su latitud (y respecto al lado norte del cuadrado) y su longitud (z con respecto al lado Oeste del cuadrado)

IV. Los restos arqueológicos y otras evidencias pertinentes son siglados con tinta y protegida la sigla con laca resistente mediante un guarismo en que para fácil identificación del resto y búsqueda en los inventarios formalizados “in situ” se refiere:

-El nombre del yacimiento: Z, Zatoya, entre los excavados en Navarra.
-El cuadro de procedencia: 3B o 15A, por ejemplo
-La coordinada X: profundidad del hallazgo, en centímetros.
-Un número de orden distinto para cada uno de los restos encontrados en esos mismos cuadro y profundidad.

Figura 10; Proceso de la excavación del yacimiento de Zatoya en las tres campañas.

Diversos objetivos concretos se marcaron en el proceso del control arqueológico de Zatoya, según la marcha de las tres campañas (fig10)

En la primera campaña

1.- Organización general del sitio, con cartografía de base.

2.- Excavación de dos zonas diferentes del yacimiento; en el centro del vestíbulo y en la zona interior de la cueva

En la segunda campaña

3.- Ampliación de la excavación a cuadros inmediatos a los excavados en 1975 (tanto de la boca como del interior del yacimiento)

4.- Tomas de muestras (geológicas, sedimentológicas y para análisis radiocarbonométrico)

En la tercera campaña

5.- Conclusión del trabajo de excavación de la zona del vestíbulo (que se amplía en 5Z, 3Z y en parte de 5A hasta la base de la estratigrafía arqueológica).

6.- Revisión de planos y estratigrafías al detalle (controles finales de colores y texturas)

7.- Tomas complementar de muestras (suelos y palinología)

Figura 11; Detalle de la excavación de la parte anterior al vestíbulo. 

La excavación del yacimiento arqueológico depositado en la parte anterior de la cueva (boca, vestíbulo y fondo del vestíbulo) , afectó, como se ha señalado, a dos áreas distintas. 

Figura 12; Detalle de la excavación del fondo del vestíbulo
En la zona centro del vestíbulo se trabajó sobre una superficie de ocho metros cuadrados, en los cuados 5Z, 3Z, 1Z, 5A, 3A, 1A, 3B, y 1B. Al fondo del vestíbulo e excavaron en zanja longitudinal poco más de seis metros cuadrados, en los cuadros 23B, 21B, 19B, 17B, 15B, 15Z y en los tres sectores occidentales del 13B. Sólo se sobrepasó el “fondo” (arcillas de base) del yacimiento arqueológico en tres metros cuadrados del vestíbulo de Zatoya (cuadros 3A y 3B, la mayor parte del 5A y los tres sectores meridionales del 1Z). De la banda divisoria entre los cuadros 5A y 7A (en el sector 3 de éste) provienen sendas columnas completas de dimentología y palinología y del sector 8 del cuadro Z1 otra de sedimentología (figuras 11 y 12).


En el interior de la cueva de Zatoya se efectuaron tres sondeos en las formaciones de base

El sondeo 1 (30 de agosto de 1975) (siglado como Z.S1) ocupa una planta de 1,5 x 3 metros (en parte de los cuadros correspondientes a los cruces de las bandas 83, 85, 87 y 89 con las J, K y L); alcanzó los 35 a 50 cm. De profundidad revelando un único “nivel” de tierras arcillosas amarillentas que –en el tramo correspondido entre los -10 y los -20 cm. desde la superficie- dio diversos huesos de oso y alguna lasca de sílex. 
El sondeo 2 (21 a 26 de Junio de 1976) (siglado como Z.S2) ocupa un área de 1 x 2 metros, por 20 cm de profundidad, ofreciendo la sucesión de dos capas arcillosas de color marrón amarillo (E63 en el código de Cailleux-Taylor): la superior,  hasta los -15 cm desde la superficie, es algo más suelta; la inferior, más compacta. Sólo en aquella capa superior y sobre todo en las cotas de -10 a -15 cm se hallan abundantes restos de oso (probablemente Ursus spelaeus); un fémur y una cabeza articular de otro, un húmero, una rótula, una mandíbula inferior, varias piezas dentarias (colmillos, molares), bastantes vértebras, algunas costillas, cuatro diáfisis de huesos largos, falanges, cuarenta fragmentos informes, etc. 
El sondeo 3 (realizado entre el 13 y el 20 de agosto de 1980) ocupa una superficie de unos 3,60 metros cuadrados y es tangente por el W/NW al sondeo 2 y ofrece tierras compactas arcillosas: al principio claras, luego –en capita muy delgada- negruzcas (¿manganesos?), después de textura más arenosa conteniendo abundantes restos de oso que se distribuyen entre las cotas de profundidad de los -6cm. (los más altos) a los -33 cm. (los más profundos) bajo la superficie del sitio (fig 13)

Figura 13; Sondeo en el interior de la cueva: arcillas con restos de Ursus

Pensando en que en el último lustro -y cada vez más en un fenómeno que, desgraciadamente, se generaliza- bastantes programas de promoción de una llamada arqueología profesional encierran un afán interesado por asegurar a sus oficiantes unos ingresos personales normalizados (sean gratificaciones, becas, ayudas, bolsas, contratos, etc) es oportuno precisar que los presupuestos económicos de nuestra actuación arqueológica en Zatoya y el destino concreto de esta intervención arqueológica de campo amateur.

Figura 14; Corte vértico-longitudinal por la línea 0 (entre las bandas 1 y 2)

La primera campaña de excavación fue subvencionada íntegramente por la institución Príncipe de Viana de la D.F de Navarra, con 350.000 pesetas; en la segunda, la Institución aportó 300.000 ptas y 250.000 ptas la Comisaría General de Excavaciones (Ministerio de Cultura); para la tercera se dispuso de un presupuesto de 300.000 ptas subvencionadas por la Subdirección General de Arqueología (Ministerio de Cultura). 


Este presupuesto total de 1.200.000 pesetas de dedicó a cubrir los gastos propios del equipo que intervino en el desarrollo de los trabajos de campo (alojamiento y viajes al yacimiento) y a asegurar el equipamiento material necesario a las campañas. Nada se derivó a las subvenciones o gratificación alguna del personal (ni como “dietas” individuales”) que intervino así de modo totalmente gratuito. 

Conviene detallar el gasto del presupuesto total en partidas concretas:

-Un 43,37% (520.620 ptas) en manutención y alojamiento de los arqueólogos excavadores
-Un 26,26% (315.300 ptas) en pagar los vehículos contratados para el transporte diario de los excavadores y del equipamiento al yacimiento, al Museo y Laboratorios.
-Un 4,66% (55.920 ptas) en jornales de peonaje y costas de acondicionamiento del sitio.
-Un 12,77% (153.360 ptas) a adquirir material de cartografía, fotografía, excavación y conservación.
-Un 6,33% (75.960 ptas) en fotografía, papelería y material fungible menor y
-Un 6,57% (78.840 ptas) en manutención, alojamiento y costos de viaje de los especialistas desplazados al yacimiento para realizar tomas de muestras no arqueológica “in situ”.

Teniendo en cuenta que el trabajo de campo en Zatoya ocupó cerca de 70 jornadas
laborales completas, por un equipo de arqueólogos excavadores que osciló entre los 13 (1ª y 2ª campañas) y los 10 (3ª campaña) se produjo un costo medio de poco más de 17.000 ptas por cada día dedicado al estudio en el lugar de la misma excavación.


b. Análisis de Laboratorio y publicaciones.

Figura 15; Corte vertico-longitudinal entre las bandas 3 y 1
Concluidas las tres campañas de intervención arqueológica en el sitio, se consideró suficiente la muestra de datos recuperados. 

Una ampliación indiscriminada de la zona excavada no habría de aumentar sustancialmente la calidad de la información obtenida, dicho de modo más simple, se reuniría ciertamente mayor número de datos pero, con toda probabilidad, no se incrementaría de forma decisiva el vector de las informaciones ni se obtendrían precisiones excesivas sobre lo ahora mismo conocido.

En el balance final de nuestra intervención de esos años quedaban, pues, del yacimiento que encontramos al iniciarla en la campaña de 1975, tres lotes de referencias:

a) Unas muestras recuperadas con intención cuidadosa, de carácter arqueológico (restos industriales y de usos del espacio en Zatoya), paleoambiental (fauna, esporas y pólenes, sedimentos y formaciones edáficas de suelos…) y complementarias (susceptibles, por ejemplo, de datación radiocarbónica)

Aparte de los efectivos arqueológicos y arqueozoológicos recuperados al detalle (con inventario pormenorizado individual) se recogieron en la fase de excavación del sitio cincuenta y tres muestras susceptibles de análisis particulares. A saber, nueve de elementos minerales varios, veintisiete de suelos en columna de 5 en 5 cm. (del sector 8 del cuadro 1Z), ocho de Helícidos y nueve (tres de carbón vegetal, seis de huesos) para datación radiocarbonométrica.

Además, en 1976, los Dres Alberto y Machín, con dos colaboradores, tomaron muestras para sus análisis sedimento-edafológicos, el Dr. M. Hoyos una columna (en el sector 3 del cuadro 7A) en 1980 para estudio de la composición de suelos, e I.Barandiarán en la misma vertical del sector 3 del cuadro 7A en 1980 muestras en columna de 5 en 5 cm. para análisis paleobotánico por A. Boyer-Klein.

b) Una documentación (escrita y gráfica) sobre las circunstancias del sitio, de la excavación y de las evidencias advertidas. Que se concreta en varios textos, listados y repertorios: diario de excavaciones y cuadernos de campo, inventarios, series de planos y cortes, colecciones de fotografías y croquis dibujados de detalles…etc. En concreto, puedo precisar que el repertorio gráfico producido en las tres campañas de Zatoya, de cortes, plantas y detalles del yacimiento, elaborado en el curso de los trabajos de campo comprende: tres plantas generales del complejo del yacimiento de Zatoya, (dos a escala 1/100, una a 1/50), tres croquis de emplazamiento del sitio, un plano general de las cuevas Zatoya 1 y Zatoya 2 a escala 1/200, diecisiete cortes de estratigrafía (ocho a escala 1/10, nueve a escala 1/20), veinte plantas de diversos depósitos (quince a escala 1/10, cinco a escala 1/20) veintisiete detalles a varias escalas y tres croquis de interpretación estratigráfica.

c) Un testigo suficiente del yacimiento sin excavar que reserva una muestra de bastante entidad para una eventual excavación –y revisión- en el futuro. Por el cálculo aproximado de extensión del yacimiento arqueológico pensamos que nuestra intervención apenas afectó sino a una octava a décima parte quedando, por ello, las restantes áreas (de unos 130 metros cuadrados de extensión) del depósito como muestra y testigo.


Figura 16; Corte vertico-longitudinal entre las bandas 5 y 3
El acondicionamiento de la cueva de Zatoya (con puertas metálicas y protección de la zona del vestíbulo), realizado por la Diputación Foral de Navarra en 1975, parece suficiente para garantizar la conservación la conservación normal de un yacimiento, así lo hemos podido comprobar al acudir, en el curso de 1987 y 1988 –a los siete años largos del final de nuestra última campaña de excavaciones- y apreciar el buen estado de las zonas en las que entonces trabajábamos y del resto del lugar. 


En el proceso de laboratorio han intervenido, en colaboraciones técnicas y de análisis, diversos investigadores y organismos no arqueológicos estrictamente, pero que han aportado sus referencias monográficas al mejor conocimiento del medio ambiente en que se desarrollaron los comportamientos culturales de los ocupantes de Zatoya.

El Dr. Jacques Evin (“Centre de Perfectionement en Physique Nucléaire” del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Lyon) se ha hecho cargo del análisis radiocarbonométrico de las muestras recogidas en el curso de la excavación. Estas dataciones absolutas ofrecen una trama básica cronológica de las etapas principales en la ocupación del yacimiento y se insertan en las obtenidas en yacimientos relativamente próximos de Navarra, según un proyecto general de dataciones C14 en el que colaboran generosamente otros equipos: los Dres. J.A.J Gowlett (“Oxford Acceleratos Unit”, de la Universidad de Oxford) y Richard Burleigh (“Radiocarbon Laboratory”, del Museo Británico) en la fechación del yacimiento de Berroberría (alto Nivelle/Baztán) y W.G Mook (Laboratorium Algemene Natuurkunde, de la Universidad de Groningen) en los sitios de Portugain (Urbasa), Aizpea (Aezcoa) y Berroberría (niveles holocenos).
Figura 17; corte vértico-longutudinal entre las bandas 5 y 7

Los Dres Francisco Alberto y Javier Machín (Departamento de Suelos de la Estación Experimental del C.S.I.C de Aula Dei-Zaragoza) examinaron la sedimentología de Zatoya y ofrecieron un diagnóstico de algunas de las circunstancias de su formación. El Dr. Manuel Hoyos (Instituto de Geología del C.S.I.C de Madrid) se ha hecho cargo del análisis estratigráfico general y de la definición geo-morfológica de las unidades del depósito, ofreciendo la interpretación paleoclimatológica de su proceso. Complementariamente, el estudio paleobotánico de la Dra. Anaïs Boyer-Klein (“Laboratoire de Palynologie” del Museo del Hombre, de París) presenta, a partir del análisis de pólenes y esporas conservados en los estratos de Zatoya, un esbozo del paisaje vegetal del entorno de la cueva con sus variantes según el cambio de las circunstancias climáticas.


El estudio de los restos de fauna de mamíferos es responsabilidad de los dos equipos de investigadores. El Dr. Jesús Altuna y Koro Mariezkurrena (Sección de Paleontología Cuaternaria de la Sociedad Aranzadi, de San Sebastián) se han hecho cargo del análisis arqueozoológico de los grandes vertebrados; el Ldo. Guillermo García Valdés (Colaborador del Museo Histórico de Vizcaya y Etnográfico Vasco, de Bilbao) del examen de los restos de vertebrados menores. El Dr. Benito Madariaga de la Campa (antiguo investigador del Instituto Oceanográfico de Santander) ha realizado la identificación de las conchas de moluscos marinos recogidas en la excavación. El Dr. José Ignacio Lorenzo Lizalde (Departamento de Paleontología, Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza) se ha hecho cargo del estudio de los restos óseos humanos recuperados

El estudio arqueológico particular de los restos industriales de Zatoya se ha distribuido entre la Dra. Ana Cava (industria lítica: tipología y tecnología), el Dr. Javier Fernández Eraso (desechos y restos de talla) y el Dr Ignacio Barandiarán (otras industrias y evidencias: cerámica, ósea, megalítica…); los tres del área de Prehistoria de la Universidad del País Vasco. Debe agradecerse la contribución concreta en algunos aspectos del tratamiento de la información por los Dres. Jordi Estévez (Universidad Autónoma de Barcelona) y J. Antonio Saenz de Buruaga (Universidad del País Vasco). A.Cava ha realizado del natural la totalidad de los dibujos de industrias líticas e I.Barandiarán los planos y cortes estratigráficos de esta monografía, los dibujos de la industria ósea y las fotografías en general.

I.Barandiarán y A.Cava, por fin, han asumido la interpretación cultural de la ocupación prehistórica de Zatoya, caracterizando el sitio en un proceso general de cambio tecnológico y su articulación en el contexto amplio de una extensa región.

Figura 18; Corte vértico-transversal entre bandas C y B


En la década transcurrida desde el comienzo de nuestra investigación arqueológica en Zatoya hemos adelantado varias presentaciones provisionales, con datos parciales y algunas interpretaciones sobre las industrias del yacimiento y sobre su significado cultural.
Sendas informaciones sobre lo aparecido en las campañas de 1975 y 1976 se publicaron al poco de concluirlas (I.Barandiarán 1976, 1977). En el segundo de estos textos se señalaba el interés especial del sitio por contener una estratigrafía que serviría de modelo interpretativo al proceso regional (del Pirineo Occidental y de la cuenca media y alta del Ebro) de transición Epipaleolítico-Neolítico, a partir de unos cómputos tipológicos provisionales que ahora hemos de corregir en detalles.

Los primeros resultados de las dataciones C14 fueron adelantados por el autor de los análisis (J. Evin 1979) y ampliados, en una presentación más extensa, por el responsable de la excavación del sitio (I. Barandiarán 1982).

Aquellos datos básicos de Zatoya han sido, luego, empleados en diversas ocasiones en que hubimos de hacerlos encajar en un contexto más amplio de consideración regional; sobre el significado de su ocupación en el Epipaleolítico (I. Barandiarán 1979; I Barandiarán, A. Cava 1989) y en el Neolítico (A. Cava 1987), en una síntesis general (I. Barandiarán, E. Vallespi 1980, 2ª Ed. 1984) o resumiendo las novedades de si análisis paleobotánico y de datación absoluta (I. Barandiarán 1986).

Figura 19; Cortes vértico-longitudinales de la banda B (en el cuadro 13B, en 13B/15B, en el 15B, en el 15B/17B, en 17B/19B y en 19B/21B)

Los listados de utillaje lítico (la evidencia arqueológica más numerosa y representativa) que se utilizaron en casi todas esas presentaciones preliminares partían de clasificaciones provisionales: las entradas iniciales, no contrastadas, que se consignan en los inventarios elaborados en el momento mismo de la extracción y primera limpieza.  Y de colecciones no completas: los de una y otra de las dos primeras campañas de excavación (y no de la tercera) y lo hallado en la zona de embocadura de la cueva (y no de más al interior del yacimiento).

Al estudiar A. Cava hace muy poco tiempo las industrias líticas de Zatoya, entre todas las que del Epipaleolítico al Eneolítico se presentan en los yacimientos de la cuenca del Ebro, ha podido perfilar aquellas clasificaciones y precisar definitivamente sus listados (¡. Cava 1986ª, 1986b, 1986c).

El estudio crítico de cada una de las piezas en laboratorio ha permitido determinaciones de carácter tipológico (sean formales o técnicas) que conllevan diferencias, de escasa proporción y no significativas. Con estas innovaciones se ofrecen ahora las clasificaciones pertinentes en el capítulo 2 de esta monografía, dedicado al tema de la industria lítica, siendo conveniente concretar las causas de aparente divergencia entre aquellas listas provisionales y las definitivas de ahora y los criterios que la avalaron.

a. El Análisis contrastado de “las respuestas” propias del sílex procedente de afloramientos próximos a la cueva (que, no siendo de excelente calidad –grano algo grueso, algunas microfisuras-, se empleó en cierta abundancia en la elaboración de instrumentos) y el examen macroscópico de los estigmas de las zonas retocadas y/o utilizadas de las supuestas piezas obtenidas con esa roca local nos ha permitido determinar ciertas situaciones tipológicas discutibles. En concreto, las que afectan -casi exclusivamente- a los planos (sean de extracción intencionada, por retoque del modo buril, o sean de fractura previa –o natural de exfolición- aprovechada) de supuestos buriles diedros o de un golpe sobre el plano natural o sobre fractura.

b. La polémica diferenciación –no resuelta definitivamente ni para todos los casos- entre algunos núcleos y algunos raspadores (nucleiformes, sobre lasca, carenados..etc) se ha resuelto en bastantes ocasiones, pero no siempre, reduciendo cierto número de los que en publicaciones previas incluíamos en la clase de raspadores a la de los núcleos.

c. Las clases de muescas y denticulados, que en su día en aquellos avances provisionales identificamos con relativa cautela (es decir, con criterios algo rigurosos), no han experimentado excesivo cambio en el listado definitivo actual.

d. La revisión estratigráfica definitiva de la campaña de 1980 y final en 1987 y 1988 nos ha permitido –a partir de control de siglas, coordenadas de situación y planos- subdividir los materiales que entre 1975 y 1976 incluíamos en un genérico nivel II en dos grandes unidades sucesivas (IIb o II inferior y II o II superior). El examen contrastado de las series arqueológicas con las referencias paleoclimáticas de la sedimentología, paleontología y palinología decide con seguridad la diferencia entre esos dos grandes estadios dentro del genérico nivel II.

Figura 20; corte vertico-longitudinal entre las secciones B y A


3.- Estratigrafía del yacimiento

a. Identificación estratigráfica inicial

En los sondeos de la primera semana de excavación, en 1975, percibimos una disposición estratigráfica elemental del relleno de la cueva de Zatoya en tres “paquetes” genéricos: a* (o superficial), b* (de tierras marrones, más pedregoso) y c* (arcilloso o de base). Esta denominación simplificada, que se adaptó para distinguir las grandes unidades del depósito en el fondo del vestíbulo de la cueva, se corresponde con, respectivamente, las de “estratos” I, II y III con que se designaron las entidades dispuestas en secuencia en la zona central y de embocadura de Zatoya.

Esa simple identificación estratigráfica condicionó las subdivisiones (precisiones internas) que, cada vez más complejas, se suscitaron al trabajar en sondeos de cuadros donde el depósito de estratos era más espero (así, p. ej., en los de las bandas 15 y 17) (figuras 14 a 22).

En síntesis, aquella identificación estratigráfica inicial se precisaba:

-En el depósito del fondo del vestíbulo  (cuadros 21B y 23B), con un "paquete" b* importante arqueológicamente, de tierra grumosa y muy suelta (color J62) donde se acumulaban piedras (de tamaños medios, 15x10, 13x12 cm, etc- y menores 7x6 p.ej.-) que en sus cotas bajas (a partir de las profundidades -330 / -440) se iban haciendo mayores hasta alcanzar dimensión de grandes bloques. 


-En el depósito de la zona central y anterior al vestíbulo (cuadro 1B, en sondeo que alcanzó los 172 cm de profundidad) se percibió la caracterización de niveles, de arriba abajo:

+ Nivel superficial (o r: “revuelto”), de aspecto relativamente reciente, con tierras algo sueltas y pulverulentas en seco.

+ Nivel I, con un espesor total de entre 55 y 70 cm. de color más oscuro (marrón gris muy oscuro o marrón oscuro: J41 y J62 en el Código Expolar), englobando algunos grumos –y hasta bolsadas- de arcilla amarillenta o grisácea (colores F74, H62 y E62). Mientras que la mitad superior de este nivel es de tierra algo suelta con algunos bloques de caliza de tamaños medianos y pequeños (de aristas algo agudas), la inferior se va tornando progresivamente más grasa al tacto y oscureciendo de color, conteniendo abundantes restos óseos y de carbones y conchas de caracoles.

+ Nivel II, con un espesor que oscila entre 25 y 35 cm, es de tierra algo más fina, húmeda y compacta que la del Nivel I, poseyendo bloques calizos angulosos (no todos) de tamaños varios (así 20x10x7 y 6x6x3 como casos extremos), restos arqueológicos y de ocupación (carbones, huesos, industrias), con aspecto de haber contenido hogares. Los bloques que incluye aumentan de dimensiones en la parte inferior del nivel; pareciendo haberse colado por sus huecos las tierras.

+ Nivel III, arcillas de base, estériles arqueológicamente, de color marrón amarillo (E63).
Figura 21; Corte vertico-transversal entre las bandas A y Z

Al prolongarse la excavación del yacimiento, después de la primera semana de la campaña de 1975 y en el transcurso de la de 1976, fuimos percibiendo la complejidad mayor estratigráfica del depósito;

- En la zona interior del vestíbulo por la presencia de depósitos estalagmíticos que certificaban –sellándolos- substratos en el seno de aquellos genéricos niveles a y b.

- En la zona media y anterior, individualizando un horizonte Ib (a partir del día 22 de agosto de 1975) en la parte interior del “paquete” I, y distinguiendo en la masa del II uno II superior de otro II inferior (con muy grandes bloques).

En la campaña de 1980 la última revisión de la estratigrafía de la parte central del vestíbulo de la cueva nos permitió determinar subdivisiones morfológicas más precisas del paquete II.

Figura 22; Corte vértico-transversal entre las bandas Z e Y


b. La estratigrafía del vestíbulo y parte anterior del yacimiento.

La secuencia estratigráfica más completa del sitio se percibe en un espesor de entre 160 y 200 cm. en los cuadros 1Z, 3Z, 5Z, 1A, 3A, 5A, 1B y 3B. Ahí se suceden de abajo a arriba cuatro grandes unidades de depósito, de bastante fácil distinción por su color y entidad material (y también, como luego se expondrá, por su contenido arqueológico)

+ Nivel de base o III.

Las cotas superficiales del nivel III se establecen (en los cortes B/A y A/Z: o sea, a lo largo de la banda A) a 265 ó 270 cm. de profundidad bajo la línea 0, al aflorar las últimas arcillas de su depósito entre los grandes bloques que colman entre la mitad y el tercio inferiores de la masa del nivel II. 

En el sondeo del cuadro 5A aparece la superficie del nivel III en la cota -272. 

Su entidad es arcillosa, de color marrón amarillento (E63). Este nivel III ha sido controlado en el interior de la cueva (en tres sondeos), en un espesor de poco más de medio metro. Ofrece una entidad uniforme de arcillas relativamente compactas (a veces con señales de depósito en finos estratos horizontales) y sin impurezas ni elementos líticos (ni cantos rodados ni fragmentos de la misma roca de la cavidad). Carece, asimismo, de elementos arqueológicos. En algunos lugares se halla cubierta de una fina, aunque tenaz, capa estalagmítica.

En tales arcillas de depósito (acaso procedentes, en su mayoría, de los procesos de decalcificación que han ido disgregando la roca de las paredes y techo) se recogieron –sin señales claras de que se hubieran rodado- numerosos restos óseos del Ursus spelaeus: un maxilar inferior completo, fémures, un húmero, dientes y molares sueltos, dos docenas de vértebras, media de costillas, una rótula, varias piezas de las manos…

Este nivel de depósito corresponde a la biocenosis cavernícola anterior a la presencia del hombre en Zatoya. En su fondo –no alcanzado en nuestras campañas de excavación- debe encontrarse la roca base de la propia cueva.

+ Nivel II

Nuestra identificación estratigráfica de 1976 nos hizo advertir –tal y como se publicó en su día- en la masa de este nivel II cambios “no nítidos sino paulatinos” en su espesor medio de 60 cm. (en lo por entonces sondeado) que “permitirán –cuando se afine la revisión de los controles por coordenadas cartesianas de las evidencias (de suelos y culturales) recogidas- decidir “momentos distintos en su depósito”.

Definimos entonces su matriz, como de “color marrón gris oscuro a muy oscuro, integrando abundantes restos óseos (muy fragmentados, como “residuos de cocina”), numerosos caracoles y manchas carbonosas; son frecuentes los fragmentos de roca del techo de dimensiones medias y cortes agudos, que se disponen en horizontal. Según se profundiza se hacen más numerosos esos fragmentos y adquieren dimensiones mayores (hasta muy grandes). Los bloques del fondo son muy grandes y sus cortes están algo redondeados o desgastados; ahí las industrias líticas (que habían experimentado cierta diferenciación con las del resto del paquete del nivel II) comienzan a enrarecerse y finalmente desaparecen. Es probable que en la memoria definitiva hayamos podido diferenciar dos conjuntos dentro del Nivel II: el nivel II superior, el nivel II con bloques. Pero por ahora no lo hemos intentado”.

Según aquellas apreciaciones iniciales, el Nivel II contiene restos de cabra, jabalí, sarrio y ciervo: de cabra y ciervo son, sobre todo de este último, frecuentes huesos de individuos juveniles y dentaduras de leche. Deben señalarse algunos molares de Equus y algunas piezas óseas de Bóvido: los restos de caballo se concentran en momentos más antiguos, inferiores, de la formación de este grueso “nivel”. En tanto que en la parte más alta van haciéndose más y más frecuentes las conchas de Helix sp. (cuadros 1Z y 3Z); en el cuadro 5A no los hay en cotas inferiores a la de -175, empezando a presentarse con cierta entidad por las de -170 a -165.

La última campaña de Zatoya, en 1980, fue muy clarificadora de la entidad y cambios internos de la masa de este nivel II. El depósito de nivel alcanza el máximo espesor, en lo controlado por nuestras excavaciones, en la banda A, cuadros 5 y 3. De acuerdo con los levantamientos de los cortes B/A y A/Z (figuras 20 y 21) ahí posee esa masa una potencia de 142 a 150 cm. Desde ahí ese espesor empieza a disminuir progresivamente según se va hacia el interior de la cueva: el nivel b3 (correspondiente aquí a este Nivel II) tiene ya la mitad de aquel espesor máximo a apenas tres metros de distancia linear (son 70 a 75 cm en el cuadro 13 de la misma banda A), apenas 40 cm dos metros más adentro (en el cuadro 17) y prácticamente desaparece otros dos metros más allá (en el cuadro 21).

En el citado sondeo del cuadro 5A se advierte que más o menos a partir de -185 la tierra de este Nivel II adquiere una tonalidad más oscura y es algo más suelta y húmeda, aumentando el número de piedras pequeñas en su masa (de cotas -185 a -195): luego hay dos grandes bloques de caliza de aristas algo redondeadas hasta las arcillas de base (el Nivel III). Algunos de estos bloques tienen puntos de inicio de estalagmitas; tienden a ser esas piedras algo planas. En un muestreo de tal “fracción mayor” caliza, de 36 litros de tierra extraída se obtuvieron 106 piedras de tamaños comprendidos entre las dimensiones 5x3x1 y los 23x16x2 cm (en las tres dimensiones respectivas de longitud, anchura y espesor).

El 20 de agosto de 1980 pudimos discutir y precisar in situ con el Dr. Manuel Hoyos Gómez la probable diferenciación en el seno de este genérico Nivel II de dos grandes unidades esenciales (II inferior o IIb y II superior o II) con algunas matizaciones internas, según lo apreciable en el cuadro 5A. Según sus cotas concretas, visualmente (lo que, luego, se ha confirmado en el laboratorio) se distinguen en este nivel II las siguientes unidades de abajo a arriba (figura 23):

Nivel IIb (inferior): Descansa directamente sobre el nivel de arcillas de base (III), desde la cota de los -275, llegando aproximadamente en su zona superior hasta la de -220 a -215. Lo integran básicamente grandes bloques caídos o resbalados (de techo y paredes) de la cueva: no por el frío siempre y desde la parte exterior (de embocadura) de la cueva hacia el vestíbulo. Se disponen un tanto anárquicamente. Entre esos bloques grandes se habría producido un lavado bastante fuerte de la fracción menor que estuviera en sus intersticios, llevándose los elementos depositados pequeños (tierras fracción mínima) y no pudiendo hacerlo con los de mayor tamaño (así evidencias de industrias líticas y fragmentos de huesos).

Figura 23; Corte vértico-longitudinal entre las bandas
5 y 7 (cuadro 5A)
Nivel IIb (superior): En cotas aproximadas de -220/-215 a -180/-175. Con los bloques de piedra de tamaños más reducidos, de formas más de placas y en disposición tendente a la horizontal: productos probables de gelivación de las paredes exteriores de la cueva, deslizados hacia la zona donde ahora se encuentran; la fracción menor de conserva “in situ” bastante bien. Progresivamente (a partir de -200/-195) estas “placas” se hacen menores, abundan mucho y se disponen en “horizontes”.

Nivel IIa (inferior): De -175 a -150. De bloques mayores; han disminuido notablemente los gelifractos “en placa” inmediatos. Se presentan los Helix y abundan los carboncillos.


Nivel IIa (superior): De aproximadamente -150/-145 a -125 marca la transición al nivel Ib superpuesto: van desapareciendo casi por completo los bloques y aparecen en su zona superior (de contacto con Ib) huellas de tierras carbonatadas y rubefactas (restos de hogares, sin duda) (tal y como habíamos apreciado dentro del cuadro 3Z y en los cortes 1Z/2Z y 1A/2A). Según la opinión de Hoyos Gómez la apariencia visual de esta zona superior del nivel IIa es de alteración “moderna” (de tipo holocénico) frente a la entidad de los depósitos infrapuestos (IIa anterior y IIb), cuyos color y textura responden a las propiedades de los bien conocidos depósitos cantábricos del ámbito tardiglaciar. 

Una reflexión morfológica complementaria de la fracción mayor contenida en la masa del Nivel II se basa en datos que tomamos en el curso de las campañas de excavación y refrenda la apreciación de las subdivisiones referidas. En primer lugar, se debe señalar que los bloques calizos del Nivel II -de tamaños diversos (entre ellos, bastantes medianos a grandes y varios muy grandes) - son de la misma roca caliza del techo y paredes de la cueva; se desprendieron de ahí y no parece que se hubieran desplazado mucho del lugar se su caída, a juzgar por su disposición. Sus aristas están en general algo matadas, parcialmente redondeadas por desgaste: cuyas causas habrán de ser tanto naturales (fenómenos de percolación o de exposición a la intemperie) como antrópicas (pisadas o roces reiterados por frecuentación del sitio).


Como se advierte de modo generalizado –desde los sondeos iniciales del yacimiento y en ambas zonas de excavación (al interior y en la zona media/anterior del yacimiento)- llaman la atención los bloques de mayor tamaño en la parte (entre un tercio y un medio) inferior del depósito del Nivel II, predominando los medianos y menores en la superior.

Por referir ejemplos parciales de esa entidad dimensional se puede aludir a las muestras retenidas de los dos cuadros contiguos 1A y 1B en 20 cm del depósito  de la zona media del Nivel II (cotas -185 a -165). Ahí se controlan los restos calizos de dimensiones “medianas” y grandes: de más de 7 cm de longitud máxima hasta los mayores (uno de 46x22x8 cm en 1A a -168, otro de 34x11x6 cm. en 1B a -182, de 31x31x19 cm en 1A a -168, de 29x15x5 cm. en 1ª a -181…etc): un total de 263. El tipo mayoritario es un bloque de tamaño medio a grande (entre 10 y 14 cm de longitud máxima), no muy alargado, con índice de alargamiento ( IA=L/1 ) de entre 1,43 y 1,83 y bastante plano.

En nuestro sondeo general de referencia del cuadro 5A hemos medido un total de 2738 fragmentos calizos de longitud superior a los 2cm. Según el cuadro adjunto (Figura 24), se han distribuido por tamaños en “pequeños” (de 2 a 5 cm., un total de 1976 evidencias, el 73,16% de la muestra; de 5 a 10 cm, 621 evidencias, el 22,68%), “medianos” (de 10 a 15 cm, sin 84, el 3,07%; de 15 a 20cm, 43, el 1,57%) y “grandes” (de 20 a 25cm de longitud y más de 25 cm, respectivamente 10 y 4 bloques -0,36 y 0,15%-, por tramos de cotas de profundidad de la estratigrafía del Nivel II, entre los -270 y los -120 cm.

Se han expresado esos valores en los bloques índices de la gráfica de la Figura 24. En su dinámica de abajo a arriba, según la disposición de la estratigrafía del sitio, se significan cuatro conjuntos distintos:

a) El depósito inferior (o sea, la mayor parte del IIb), desde las cotas más bajas (circa -275/-270 a -210/-195 cm), muy homogéneo en toda su potencia, con pocos elementos (el 12,09% de la muestra contabilizada), pero estando los de tamaños medianos y grandes bien representados (suman casi una quinta parte, el 18,43% del lote de fracción examinada en este depósito inferior; y son los “bloques” de este depósito inferior el 43,26% de todos los medianos y grandes encontrados en el total del Nivel II)

Figura 24; Distribución de  la fracción de más de 2cm a lo largo del Nivel II
en el cuadro 5A
b) El depósito de la parte más alta del Nivel IIb, en cotas de -195 a -180 con predominio absoluto de los elementos (serán el 55,19% de todo lo hallado en la muestra) y abundancia excepcional de los de tamaño pequeño (son el 97,29% en este depósito medio, por sólo el 2,71% los medianos y grandes y el 56,60% de todos los de tamaño pequeño hallados en el total de Nivel II).

c) El depósito de la parte baja del Nivel IIa  en cotas aproximadas de -180/-175 a -150, con muchos menos elementos pequeños y cierta presencia de medianos y grandes (los pequeños de este depósito son el 30,46% de los hallados en ese tamaño de todo el Nivel II).

d) El depósito superior del Nivel IIa (el que marca la transición al superpuesto Nivel Ib) con poquísimos trozos de piedra en su masa (el 2,59% del total hallado en el Nivel II), desapareciendo casi del todo los de tamaños mayores (son el 1,41% de todos los fragmentos de piedra recogidos en este depósito superior del Nivel IIa).

En fin, se revela como altamente significativa la “ruptura” del gráfico en la parte superior del Nivel IIb, que refrenda la separación entre los IIb y referidos. 


+ Nivel Ib

El espesor del Nivel Ib es bastante uniforme, en un depósito relativamente horizontal y de potencia homogénea: en torno a los 18-20 cm (con situaciones extremas, desde 15 hasta 23/25 cm). El color habitual de la matriz del Ib es el marrón grisáceo muy oscuro (10YR 3/2 en el código Munsell): pero se halla, en zonas, interrumpido por un horizonte no continuo (ni horizontal ni uniforme de espesor) de color mucho más claro y de aspecto arcilloso (sea marrón 10YR 4/3 en 3Z sector 5 a -123; sea marrón amarillento 10YR 5/4 en 1Z sector 9 a -125); en estas zonas más claras se asocia (así en 3Z sector 5 a -123) a cantitos rodados en cierta cantidad y, excepcionalmente, a alguna esquirla de hueso desgastada por arrastre por agua.


En el corte general del cuadro 5A se extiende entre las cotas -125 y -105; en sus zonas medias y bajas presenta (así también en 1A) algún horizonte, no continuo, de tierra muy negra (J41) de hogares, siendo luego más claro (“marrón oscuro”, J62) y de tonos algo rojizos (F63).

En el Nivel Ib, de tierras bastante compactas, se desarrolla inmediatamente debajo de –y coincidiendo en parte con- un horizonte de piedras calizas de tamaño medio.

Este estrato arqueológico, de menor espesor que los inmediatos, dio totales de restos óseos y técnicos menos abultados que en los dos niveles anterior y  siguiente: sin embargo, sus proporciones resultan también significativas. Hay restos faunísticos de ciervo, jabalí y cabra.

+ Nivel I

En el corte general de referencia del cuadro 5A se despositó esta unidad estratigráfica entre las cotas -105 y -50/-45.

La masa del Nivel I ofrece un espesor que oscila, como media, entre los 40 y 60 cm. Así como sus cotas de base se ofrecen bastante horizontales (así, en el mejor ejemplo de corte longitudinal del sitio, desde la banda A, en los planos B/A y A/Z de las figuras 20 y 21), su parte superior presenta irregularidades producidas por los destrozos causados por los ocupantes del nivel superficial del sitio.

Sus tierras son bastante esponjosas, algo grasas y de colores negruzcos (“marrón gris muy oscuro” J41 y “marrón oscuro” J62, con algunas bolsadas arenosas y de arcilla de tono amarillento (goteras y encharcamientos, acaso).

Contiene algunos canales, madrigueras de roedores y raíces que alteran su virginidad estratigráfica.

Dos novedades ofrece este nivel con respecto a los precedentes inferiores; la aparición de restos óseos humanos (procedentes de depósitos superficiales) y de la primera cerámica. 

Las evidencias de esta tecnología se reducen a pequeños fragmentos, carentes de decoración, de pastas de tosca cocción fabricadas a manos. En 3A (sector 4, a -101) se halló un fragmento de bóveda craneal humana.
La fauna fundamental (correspondiente a herbívoros salvajes cazados para la alimentación de los habitantes de Zatoya) sigue siendo similar a la procedente de los niveles anteriores; ciervo, jabalí, algo de corzo…

+ Nivel Superficial

Es de color marrón oscuro (H64 y H61) conteniendo piedras calizas de tamaños medios y pequeños.
Parece ser, en cuanto a formación, similar al Nivel I pero alterado por diversos agentes (raíces, lombrices y coleópteros, pequeños vertebrados…) que vivieron en él. No se conserva uniformemente en todo lo excavado.

Al principio parecen sus tierras más secas y de textura arenosa, a partir de los 10 o 12 cm. de su espesor se va haciendo el nivel más arcilloso y compacto, algo húmedo y de tono más oscuro (con manchas arcillosas que, a veces, se concentran por zonas). Se ha podido subdividir en algunas partes de los excavado en dos apariencias: superficial oscuro (de color “marrón gris oscuro” H62) y superficial arcilloso (de color “marrón gris”, E62).

Suponen el momento más reciente del depósito arqueológico en Zatoya. Se halla en inmediata relación de sucesión con el precedente Nivel I. Así, por una parte, la mayoría de los materiales arqueológicos en él recuperados se agruparían en la misma “facies” cultural –de la que es una perduración- del nivel que le subyace; pero, por otra parte, se produce (por actuación de prospectores no controlados ) una relativa contaminación de su contenido con los de varios estratos más antiguos, y anteriores, de la cueva. De ahí su carácter de relativa hibridación detectable en las gráficas de sus industrias.

Contiene restos óseos humanos y restos cerámicos.


c. La estratigrafía de la zona del fondo del vestíbulo.

Al fondo del vestíbulo de la cueva se excavó la ya citada zanja que, en los cuadros 15A, 15B, 17B, 19B, 21B y 23B y la franja occidental del 13B afecta a unos 150 cm de espesor arqueológico fértil. Aquí (como en lo excavado en el vestíbulo) se encontraron en la base las mismas arcillas marrón-amarillentas del interior de Zatoya. La estratigrafía de esta zona terminal del cono del depósito arqueológico del yacimiento se corresponde, obviamente, con la de aquellas partes más centrales o exteriores del espacio ocupado por grupos prehistóricos. Pero se matiza, básicamente, por dos juegos de factores de diferenciación menor:

- El espesor decreciente del depósito en la zona por el alejamiento con respecto a las zonas de más densa ocupación arqueológica (lo que hace que los estratos de este sitio sean más delgados) y

- La presencia de fisuras del techo por las que goteó agua que aportó algunos horizontes estalagmíticos (o brechificó parte de los depósitos), permitiendo la identificación de “subniveles” que en la zona del exterior y central del vestíbulo no se pudieron percibir.

Así una secuencia completa del relleno apreciado en nuestra excavación de la zona interior del vestíbulo de Zatoya se compone de abajo a arriba de las siguientes unidades estratigráficas (figura 25):

+ Nivel c

Son arcillas de base del sitio, muy compactas y con escasos elementos mayores, de color “marrón amarillo” (D72). En el cuadro 13B aparecen en la cota -252. Su superficie tiende a la posición horizontal.


+Nivel b3

Posee abundantes piedras, en general.

En los cuadros 13B y 15A se le define como de tierra escasa entre abundantes cantos calizos de tamaños medianos (de 12 a 14cm de longitud máxima media) y pequeños, con aristas vivas. Esta tierra, de color J41, no parece haberse infiltrado desde niveles superiores sino ser propia de las etapas en que este nivel fue depositándose; tiene el nivel un espesor que oscila entre los 40 y los 60 cm. según zonas.

En el cuadro 19B lo definimos como de poca tierra entre piedras numerosas algo sueltas: son calizas de tamaño mediano y pequeño (las mayores, por ejemplo, miden 14x8, 12x6, etc, en longitud y anchura) a veces en formas gruesas, otras como placas.
Figura 25; Corte estratigráfico en el interior
del vestíbulo (campaña de 1976)

El Nivel b3 carece en su mitad inferior de la cantidad de bloques grandes que caracterizaban esa zona media y baja de su equivalente Nivel II de la zona de la embocadura de la cueva. El espesor de este Nivel b3 va reduciéndose drásticamente – en línea con el fenómeno general del depósito- en esta zona del interior del yacimiento del Zatoya; y los grandes bloques, presentes en abundancia en la sedimentación de fuera (véanse los cortes de las bandas A en los planos B/A y A/Z de las figuras 20 y 21), quedan reducidos a una sola “hilera” depositada en la parte superior del subyaciente Nivel arcilloso c y que intermedia con este b3; es lo que, de hecho, hemos denominado en alguna ocasión b4 o b3 inferior. Este subnivel b4 –o b3 inferior- incluye algunos grandes bloques calizos clásticos (de 60x30, 60x35, 38x25… en el cuadro 19B) de aristas relativamente o muy desgastadas, con escaso material arqueológico entre los bloques; su espesor alcanza en algunos sitios 30 y hasta 40 cm.

+ Transición del Nivel b3 al b2

Este depósito “de transición”, entre dos niveles contiguos, tiene un espesor discreto (unos 10 cm en el cuadro 13B, unos 8cm en el 15B) y se muestra como de tierras conglomeradas por infiltración de carbonato cálcico (sin llegar a construirse en real estalagmita), conteniendo algunos cantos de aristas vivas como los del Nivel b3 precedente. Las tierras (de color J41) incluyen abundantes conchas de Helix, que se aglomeran en una banda de hasta 7cm de espesor en los sectores 1 y 4 del cuadro 13B.

+ Nivel b2

Es de tierra fina y suelta, de tonos oscuros (color J10, grasienta al tacto, a veces muy negra, de color J61, con abundancia de carbones. Su espesor oscila entre los 6 u 8 cm (en 19B) y los 15 cm (en los cuadros 13B y 15A).

+ Nivel b20

Resulta ser un fenómeno muy localizado, en lo excavado por nosotros (parte del cuadro 15B), resultante de la impregnación de calcita o de la formación de alguna costra estalagmítica bastante pura.

Este b20 “genérico” se subdivide en dos entidades distintas; como “lentejón de tierra” poco potente, de tonos negruzcos, con carbones, caracoles y huesos (pero pobre en otras evidencias arqueológicas) (tiene de 0,5 a 5 cm de espesor y se localiza en los sectores 1 y 7 del cuadro 15B); y como “estalagmita” bastante dura, de hasta 14 a 16 cm de espesor, de depósitos horizontales o capas, incluyendo abundantes trozos de piedra y muy pobre arqueológicamente.


El Nivel b20 acaso sea parte del mismo horizonte de formación b1, que se bifurcaría en estas zonas del cuadro 15B englobando el lentejón b20


A este respecto, pensamos que las formaciones estalagmíticas que aparecen intercaladas en los niveles b2, b1 y a, parecen haberse producido por chorreo/escorrentía de aguas fuertemente carbonatadas procedentes de alguna fisura del techo localizada, probablemente, a la altura de las bandas 9 y 11 del plano de la cueva; en la figura 20, con el corte longitudinal por la banda A del yacimiento, se visualiza suficientemente esa disposición interestratificada. Ahí hemos llegado a individualizar los horizontes sucesivos de abajo a arriba, b2, b20, b1, a22 (con varios depósitos y lentejones), a y estalagmítico superior.

El espesor total de ese paquete, que alcanza los 80 cm, en el centro del cuadro 13, se reduce drásticamente, según se adentra hacia el interior de la cueva, de metro en metro, 55 cm en el centro del cuadro 15, 43 cm en el del 17 apenas 20 en el del 19, desapareciendo en la línea de contacto de los cuadros 19 y 21. Al mismo tiempo que tiene lugar esa reducción del espesor de los estratos estalagmíticos y no estalagmíticos depositados, según se alejan del lugar donde se originaron esos depósitos de calcita, va simplificándose su conjunto, desapareciendo paulatinamente las unidades de horizontes detectadas en el cuadro 13A.

+ Nivel b1

Es una potente concreción estalagmítica de depósito homogéneo, con fuerte buzamiento hacia el Oeste, es decir hacia el interior (y a favor del depósito arqueológico subyaciente, al que cubre) de la cueva. Tiene color blanco; abajo, es un paquete muy duro de capitas, en hojas, estalagmíticas delgadas, con trazas de “rippel-mark”; más arriba, su masa se hace esponjosa y blanda, como por descomposición. Su espesor medio en el cuadro 19B oscila entre los 5 y los 8 cm. y en 15B entre los 8 y los 9 alcanzando en su 13B su máximo de 15cm. En zonas muy concretas (así en 15B) engloba algún material arqueológico, siendo normalmente de todo punto estéril.

+ Nivel a22

Nivel de tierras de color marrón gris muy oscuro, con carbones, caracoles y huesos y algunas piedras de tamaños menores, tiene un espesor (en el cuadro 19B) de 8 a 10 cm. Sus tonos oscilan, dentro de la oscuridad, poco (J41 en el cuadro 19B, J41 y J42 en 15A y 13B), es más contacto en las zonas inferiores (19B) que en las otras (13B), ofreciendo localmente (15B) varios delgados horizontes de estalagmita intercalados.

+ Nivel a21

Depósito bastante similar en textura al precendente, de color marrón oscuro (J62), pero con piedras calizas pequeñas y medianas más abundantes (10x9, 7x6..etc). Es bastante potente (entre 16 y 18 cm) al pie de la pendiente del depósito arqueológico de Zatoya (cuadro 19B), reduciéndose al mínimo en las zonas más próximas al vestíbulo de la cueva (cuadro 13B). En el cuadro 15A contiene bastantes huesos humanos.

+ Nivel a

Tierra negruzca muy suelta y con grumos, de color grís marrón oscuro (color H62), de espesor medio en torno a los 10 ó 12 cm (en 19B).

+ Nivel revuelto superficial

Se percibe en, por ejemplo, los cuadros 15A y 13B, donde apenas tiene 2cm de espesor.
Sobre él se formó una colada estalagmítica “reciente” que se infiltra en los depósitos arqueológicos (así en lo apreciado en el corte entre los sectores 1,4,7 y 2,5,8 del cuadro 13B), anteriores hasta el nivel a22 (incluso en este, pero sin continuar más abajo) en hojas muy delgadas y muy duras de calcita pura.

Figura 26; Restos de Ursus spealus del nivel de arcillas del interior de la cueva. 

d. Una propuesta de correlación estratigráfica

Trabajándose en dos zonas un tanto separadas (por una distancia lineal mínima de 4 metros), en la misma embocadura y hacia el interior de la cueva, se denominaron de modo independiente los niveles del depósito de uno y otro lado, y a equipos distintos se confió la excavación de las dos zonas.

Circunstancias comunes del proceso general de formación de los niveles –desde una perspectiva tanto geomórfica como arqueológica- produjeron la obvia coincidencia básica en los caracteres básicos de la sedimentación; en cuanto a sucesión en los depósitos, entidad de los mismos y contenido (paleontológico y arqueológico). Sin embargo, y lógicamente, varios factores diferenciadores afectaron a los estratos de una y otra zona provocando variantes menores que dificultan, en algún caso, la exacta identificación entre ambas.

Se deben tener en cuenta entre tales agentes de variación; la distinta intensidad de la ocupación humana en las zonas de la parte anterior de la cueva (desde luego más reiterada en los parajes de la boca que en el interior- en penumbra – del vestíbulo); las distancias con respecto al exterior, dónde actúan con mayor intensidad diversos factores naturales que aportan masas de sedimento (bloques clásticos por variaciones de temperaturas, elementos vegetales y minerales menores traídos por el viento…) la influencia puntual de la dinámica de la propia cueva (fisuras concretas por las que circulan y caen, depositándose, aguas carbonatadas, p.e); el influjo de la gravedad al favorecer la sedimentación sobre planos horizontales y desplazarla a zonas de pendiente (provocando denudaciones o acumulaciones anormales en unos lugares u otros, deslizamientos y conos “de deyección” excepcionales, con la consiguiente mezcla de niveles), etc.

Los estratos descritos de Zatoya se conservan adecuadamente en sus masas genéricas. 

Sin embargo, (por actuación de raíces modernas que se infiltran –de hayas, sobre todo- desde el exterior; y de diversos animales que han ocupado la cueva en las invernadas) se aprecian diversas remociones internas de aquellos paquetes estratigráficos: de forma que, sin alterar sustancialmente el carácter intacto de cada una de esas unidades estratigráficas, producen mínimas remociones localizadas de escasa potencia.

En la cueva de Zatoya, y tal y como se reconoce habitualmente en otros sitios, se han controlado desplazamientos, en planta y profundidad, de algunos elementos dentro de un mismo estrato. Recordaremos, como ejemplo, el caso de los dos parietales de cráneo infantil, que parcialmente encajan (siglados en 3A.101.554 y 5Z.81.246), fueron recogidos dentro del común Nivel I pero desplazados por 60 a 62 cm. en planta (de los cuadros contiguos 3A y 5Z) y por unos 20 cm en cotas de profundidad.

Al final de la campaña de 1976 realizamos un intento de correlación estratigráfica (I. Barandiarán 1977) que ahora podemos suscribir en sus líneas generales. Apreciamos la más probable correspondencia de los niveles depositados en ambas zonas de la excavación, a partir de coincidencias de base (de orden sedimentológico y de contenido arqueológico), explicando sus ligeras diferencias por peculiaridades de sus modos de depósito y formación. Propusimos entonces la siguiente correlación estratigráfica, de abajo arriba:


-Arcillas base: Niveles c y III.


-Depósito de grandes bloques, de aristas desgastadas: Niveles b4 y mitad inferior del II y del b3

-Nivel arqueológico con piedras de tamaño mediano y aristas vivas: parte superior de los niveles b3 y II: los restos de caracol contenidos en él llegan a hacerse masas en bandas localizadas en su parte superior, de transición a los estratos superiores. Esa diferenciación del Nivel II en dos grandes unidades al menos (inferior y superior) se fue asentando a lo largo de las semanas de excavación sobre argumentos de orden sedimentario (inmediatamente visuales) y arqueológicos. Al Nivel II inferior pertenecen –en cita de memoria- huesos de animales de cierto tamaño (entre ellos de caballo; como bien lo son los del Nivel b3 en el cuadro 13B), instrumentos líticos de dimensiones mayores (como puntas retocadas en ambos lados), un sílex de mayor calidad (en color blanco), algunos tipos particulares de “tipología” súpero-paleolítica (tanto en piedra –raspadores, raederas – como de asta –alguna varilla en el Nivel b3 a -250, un buen tipo de azagaya en el cuadro 3ª a -198…)

Figura 27; Estratigrafía del interior del vestíbulo, campaña de 1975
-Nivel arqueológico de tierras algo compactas y no muy ricas desde el punto de vista de la cultura material ni de los restos faunísticos: Niveles b2 (el b20 es una cementación de la mitad superior del mismo) y Ib.

-Horizonte estalagmítico: se encuentra en b2, intermediando entre los a22 y el b2. El hecho de que no aparezca inmediatamente sobre el Ib en la zona excavada junto a la boca de Zatoya se ha de deber a la presencia de una falla o fisura por los cuadros de la banda 9 por donde se produciría la infiltración de aguas calcáreas que, siguiendo la pendiente natural del cono del depósito arqueológico que ya se había formado, corrieron –produciendo la correspondiente formación estalagmítica- hacia el interior de la cueva a partir de esa vertical.

-Nivel arqueológico: en el que se corresponden al a22 y el Nivel I.


-Conjunto de niveles superiores o superficiales (a, a21, sup.) En ellos –y con los mismos condicionamientos del estadio inmediato anterior- se intercalan algunos más débiles horizontes estalagmíticos. En el momento final de la formación de este conjunto de niveles, y cuando ya el acceso al interior de Zatoya era muy difícil por la altura que había alcanzado todo el paquete arqueológico de las sucesivas generaciones que habían habitado en su vestíbulo, se produjo la utilización del interior de la cueva como lugar de depósito funerario: en plena Prehistoria (probablemente en el Neolítico avanzado o en el Eneolítico) fueron introducidos cadáveres por la estrecha fisura que –al fondo del vestíbulo de Zatoya, por los cuadros 9 y 11- comunicaba con el interior del antro. 

Figura 28; Fragmento de cráneo humano incluído en el depósito estalagmítico de los
Niveles a22 y a21.
c. Caracterización elemental por Arqueología y Geomorfología de los estratos y su contenido.

Las precisiones aportadas en los respectivos estudios monográficos por la sedimentología y geología de los suelos, la paleobotánica y la paleontología han de servir para una cronologización más precisa del momento en que cada unidad del depósito estratigráfico del Zatoya se fue formando.

Ahora puedo, más sencillamente, señalar algunos datos llamativos –a modo de hipótesise intentar relacionarlos con fenómenos geológico-estratigráficos definidos en otros yacimientos.

-Las arcillas base, que engloban restos óseos del Ursus spaelus, tienen presencia frecuente en cavernas del Paleolítico cantábrico y pirenaico: formadas esas masas (o por disgregación de la roca madre de la cueva, o por aporte aluvial) en etapas Würmiense o anteriores suelen incluir normalmente restos de la fauna cavernícola que invernaba ahí (figura 26). 

-Los bloques medianos y grandes, de aristas algo redondeadas (“émousées” (Nivel b4, parte inferior del b3, parte inferior del II) proceden del mismo techo de la cavidad.
Las caídas de grandes bloques se han controlado en varios momentos de la liquidación del Würmiense y Transición a la actualidad climática: Son especialmente notables durante los Dryas IIa, Dryas IIc y en la fase final del Alleröd. Es ahora, en el Tardiglaciar, cuando se detecta en bastantes yacimientos del Sur de Europa una caída generalizada de grandes bloques de los techos de las cuevas y abrigos.

La formación de este primer nivel de ocupación de Zatoya (especialmente significado en la parte baja de los Niveles II y b3) debe atribuirse a la época de las culturas terminales del Paleolítico Superior, al fin del Tardiglaciar.

-Los bloques medianos y pequeños (zona media del nivel b3 y media y superior del II), seguramente de procedencia crioclástica, se intercalan en la formación de los niveles arqueológicos que los engloban. Pudieran datarse tanto dentro del Tardiglaciar terminal como del Holoceno antiguo, en la transición a la Actualidad Climática. Quienes ocuparon la cueva en este tiempo participaban del equipamiento instrumental de las culturas de la “familia azilense”.

-La presencia de los Helix (no tan abundantes, ciertamente, como en otras estaciones aproximadamente contemporáneas: Berro-Berria, Poeymaü) sugeriría una mejoría de la circunstancia climática: aumentando la humedad y la temperatura. Se produce su aparición en la transición de los niveles b3 a b2 (donde en breca llegan a alcanzar los Helix un espesor-casi compacto- de 7cm) y de II a Ib.

-El nivel Ib fue ocupado por gentes epipaleolíticas.
El “manto” estalagmítico del Nivel b20 separa el conjunto de niveles b3 y b2 del a; y también, intermediaría (por su situación estratigráfica) entre sus respectivos equivalentes los II y el Ib y el I. Su formación se produciría en circunstancias de mayor humedad y durante un periodo relativamente amplio de abandono de la cueva. (Figura 27).

-La formación del Nivel I y del a, se ve intercalada (y superpuesta) por nuevos (y más delgados y no tan extensos) horizontes de manto estalagmítico, controlados en la excavación del interior. El contenido arqueológico del Nivel I es atribuible al Neolítico.
Hay restos humanos relativamente frecuentes en la profundidad -80 a -90 cm del Nivel I (cuadro 5A) pero no se hallan en conexión anatómica ni en estructuras aparentes ni asociados de un modo significativo a ajuares. Un buen fragmento del cráneo ha quedado “in situ” (Figura 28) incrustado en las capas estalagmíticas divisorias de los niveles a22 y a 21. Los restos humanos continúan en el depósito superficial del yacimiento: por ejemplo, se hallaron dos fémures, un trozo de extremidad anterior y otro del cráneo de un mismo individuo (al parecer) al cavarse la zanja de cimentación de la verja del cierre del yacimiento. 



CONTINUAR AL CAPÍTULO 2; LA INDUSTRIA LÍTICA

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