sábado, 20 de octubre de 2018

El ciervo


El ciervo, Cervus elaphus, es una de las especies más abundantes en nuestro territorio. En la península podemos encontrar dos taxones de la subespecie Cervus elaphus, por un lado tenemos la Cervus elaphus hispanicus y por el otro la Cervus elaphus bolivari. Se incluye en el IUCN del 2015 como de Preocupación menor.

Se trata de una especie de interés cinegético desde la prehistoria, su piel se ha utilizado para hacer cuero, su carne como excelente comestible y con su cornamenta no sólo se realizan elementos decorativos, también otros más útiles como anzuelos, o mangos de navajas y cuchillos.  



Aunque desde el punto de vista censal el ciervo no corre peligro sí que se encuentra amenazado por la alteración genética provocada por el hombre: En las últimas décadas se ha detectado la entrada de ejemplares europeos, como el Cervus elaphus hyppelaphus que han sido introducidos para cruzarlos con los autóctonos y producir individuos con una cornamenta más vistosa que usar como trofeo.

Está presente en la mayoría de los hábitats de la península, siempre que cuenten con praderas y refugios de zonas arboladas. Utiliza preferentemente las áreas de transición entre bosques y cubiertas de arbustos hacia otras áreas más abiertas como campos y praderas. Su distribución es en núcleos aislados con elevadas densidades (pudiendo sobrepasar los 40 individuos por km2) y rodeados de áreas de nula o baja densidad.

Se alimenta principalmente de noche, especialmente durante los crepúsculos, situándose para ello en zonas abiertas mientras que el descanso lo realizan en las horas centrales del día en las zonas cubiertas.



Su alimentación se combina entre el pastoreo de herbaceas y el ramoneo de pequeñas plantas leñosas, ingiere plantas herbáceas durante el invierno y la primavera y aumenta su ingesta de plantas leñosas y frutos durante el verano y el otoño. Prefiere los prados con plantas del género Agrostis y evita aquellos abundantes en el género Brachypodium.

Aunque evita pueblos y carreteras, frecuentemente podemos verlos entre los bosques y las zonas urbanas.

Los ciervos frotan los cuernos con los árboles que delimitan los bosques y los grandes claros. Machos y hembras forman grupos separados y sólo se juntan en épocas de celo. La manada de hembras es liderada por la hembra de más edad conviviendo varias generaciones mientras que en el grupo de machos se juntan más o menos todos de la misma edad.



En su pelaje predominan los colores marrones, con el vientre y la zona del ano más claro pudiendo ser casi blanco. La cola es corta y tiene un tono marrón más claro que el resto del cuerpo.

Las hembras poseen 4 mamas en la región posterior del vientre y carecen de cornamenta.

Los machos alcanzan su madurez reproductiva desde los 6 hasta los 9 años y desarrollan a partir de su primer año de edad cuernos de origen óseo que renuevan anualmente, estos son usados durante las luchas en periodos de celo y están formados por un tronco central que se va ramificando en puntas.

La esperanza de vida del ciervo macho es de 12 o 13 años, las hembras son más longevas y suelen sobrepasar los 20 años.



Los machos adultos miden de cabeza a cola entre 1,60 a 2,25 m., siendo su altura a cruz de entre 90 y 110 cm. Pesan entre 100 y 150 kg. Las hembras son más menudas y miden entre 1,60 y 1,95 m de cabeza a cola y pocas veces sobrepasan los 100 kg de peso.  

Las medidas y peso dependen mucho de las condiciones climatológicas y la densidad de población y por eso abarcan tanto margen.



Se estima que la cornamenta se desarrolla a un ritmo de 2 cm al día. 

En el ciervo adulto se pueden llegar a apreciar, de abajo a arriba, dos pares de puntas luchaderas, un par de puntas centrales y un número variable de puntas en la parte superior a la que coloquialmente se le llama corona

La cornamenta se desarolla gradualmente y alcanza su esplendor en torno a los 7 u 8 años, a partir del noveno año la cornamenta va mermando anualmente con menor número de puntas.

Con un año de edad pueden poseer un par de varas no ramificadas, la apariencia de esta primera cornamenta viene marcada por la cantidad de leche que recibió de la madre, al segundo año tendrán ya de 6 a 12 puntas y aumentarán de tamaño y número en los años posteriores.  



El ciervo es un mamífero poligínico, esto es, los machos basan el éxito reproductivo en el apareamiento con cuantas hembras les sea posible y las hembras crían en solitario. 

La época de celo suele ser en septiembre, de modo que la gestación dura entre 235 y 240 días y los partos suelen producirse en el mes de mayo, pero esto puede variar en función de la disponibilidad de alimento en primavera, pudiendo adelantarse o retrasarse el cortejo.

Desde que cumplen los 2 años de edad las hembras son fértiles y pueden gestar una cría por año, no todos los partos se llevan a buen término así que el índice de prolificidad es menor que uno.



La época de celo de los ciervos se conoce coloquialmente como berrea o brama, hace referencia al sonoro bramido que emiten los machos en esta época. 

La berrea se emplea como una señal dirigida a otros machos para mantenerles a raya sin necesidad de entrar en lucha. La duración de la berrea suele ser de unos 25 días y durante esta los machos se desplazan a las zonas donde hay más hembras.



Después de nacer en el mes de mayo los cervatillos son amamantados durante al menos cuatro meses. Al destete, las crías de sexo femenino pesarán unos 48 kg mientras que los machos pesarán unos 54 kg. Estos pequeños cervatillos poseen un pelaje muy característico con un fondo marrón y manchas o pintas blancas.



Los rastros del ciervo

Las huellas del ciervo son inequívocas; se aprecian dos marcas de pezuñas de 6 o 7 x 8 cm en el macho y de 4 o 5 x 6 cm en hembras, la de la pata delantera es siempre más abierta y la silueta de la pezuña de la hembra es algo más afilada. Los excrementos son de color negro en fresco y de color pardo cuando están secos, tienen forma cilíndrica y con un extremo redondeado y el otro puntiagudo, de más o menos 2 x 2,5 x 1,5 cm.


Para saber más


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