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lunes, 2 de febrero de 2015

Las voces del viento en los Pirineos navarros (I de II)


¡Oh! Que de cosas relata el viento al vagar por los excelsos Pirineos vascónicos, murmurando unas veces, gimiendo otras, lanzando chillidos agudos, alaridos lamentosos o mugidos iracundos!


¡Qué de cosas relata al que quiere escucharlo, y sobre todo, al que sabe entenderlo!

Viejo, tan viejo como las mismas abruptas sierras que habitualmente recorre, conserva sin embargo todos los bríos de la más lozana juventud, ¡y vuela, gira, se arremolina y se precipita desde hace miles de años, placentero o violento, suave o brusco, sosegado o furioso, penetrando en los repliegues y senos de aquella tierra, elevándose en sus enhiestas cumbres, ascendiendo aún más arriba para arrastrar las nieblas y las nubes, arrojándose a lo loco a lo profundo de los precipicios y las simas, recorriendo los escondidos valles y arrebatando y llevándose de todas las partes el aroma de la flor, la gota de agua que flota en la atmósfera o tiembla sobre la yerbecilla, el polvo de los campos y las rocas, las hojas de los árboles, el fragmento impalpable del arruinado monumento, el cantar del campesino, el aullido de la fiera, el gorjeo de las aves, el lamento y los sollozos del desgraciado, la salmodia de la oración, el mugido del torrente, el murmurio cadencioso del arroyo y los misteriosos rumores de la selva!

¡Cuán hermosa y solemne es la voz del viento en las soledades de las montañas pirenaicas, de donde, a la vez que las emanaciones de la Naturaleza, parece arrancar tradiciones, historias, leyendas y consejas milenarias de aquella vieja tierra, olvidadas ya, o conocidas en parte tan sólo por algunos ancianos casi seculares a quienes les fueron transmitidas allá en el fondo de los bosques, bajo en techo de ramas de la pobre chaola(1) o junto al gigantesco hogar (2) en torno del cual se agrupa la familia amorosamente durante las largas veladas del invierno!  

No hay sitio que recorra ni objeto que acaricie o azote, a los que no arranque, como el arpa eolia, un acento que encierra su historia o guarda sus recuerdos, que él arrebata locamente y transporta y lanza al espacio.


Escuchad cómo brama allá arriba, con espantable resonancia, entre los graníticos peñascales contemporáneos de la ciclópea cordillera. Su voz parece renovar el caótico estruendo de aquellas tremendas erupciones volcánicas que agitando furiosamente esta tierra formaron el gigante Pirineo, ese tormentoso mar petrificado, según alguno lo ha definido con pintoresca frase.
¡Cómo retiembla! ¡Cual muge y choca con horrísono estrépito!


Foto de Pedro Ayerbe Arana

Allá va ahora rodando entre los montes de la antigua Bastitania, y trae el rumor de las tribus del Asia que invadieron por allí la península a la que dieron nombre, en recuerdo de su patria, la Iberia asiática; acompaña a aquellas rudas gentes en su gigantesco éxodo, y pasa con ellas a las sierras calcáreas del Aralar; gira en torno a los dólmenes erigidos por aquellos primitivos pobladores de la tierra vascónica, los hijos de los cazadores del ursus speleus y el reno; envuelve las informes masas megalíticas bajo las cuales reposan los guerreros de sus tribus trogloditas, y se hunde en lo profundo de las vecinas cavernas que les sirvieran de morada, cual si quisiera arrancar a aquellos tenebrosos antros sus secretos. Y sale de ellos violento hacia el noroeste, deteniéndose en los legendarios riscos de Aztobizkar e Ibañeta, y empujando las nieblas que lo envuelven, baja al fondo del valle de Andresaro, dónde besa las sepulturas de las legiones de Karlomán y de los montañeses vascones que, confundidos, duermen bajo la sombra de las selvas el sueño de la muerte ¡hace más de mil años!



chaola(1)  = Lo mismo que chabola, etxoka en Aezkera
gigantesco hogar (2) La imagen del hogar es la imagen de la cocina como centro de reunión de la familia. El fuego del hogar es el que setransporta a los difuntos mediante el uso de la Argizaloia.

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