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lunes, 20 de febrero de 2017

El retablo de la discordía (1/2)




¡Hola! Tengo por aquí un artículo firmado por Jesús Arraiza Frauca cuyo título es “Ermitas de San Esteban y San Joaquín en la Aézcoa” (en realidad, si lo buscáis en la red lo encontraréis con una errata en el título, ya que por alguna misteriosa causa cambian el nombre –sólo en el título- a nuestra ermita advocada al patrón del valle y meten a San Gregorio, que nada tiene que ver.) 

Veréis qué divertido lo que cuenta, narra las batallitas entre Orbaizeta y Aezkoa por un retablo a finales del S.XVIII. Cómo es un poco largo lo dividiré en dos partes.

Un valle, dos pueblos y ermitas enfrentadas, juego de devotos. Sólo puede quedar una procesión… todo esto y más en “El Retablo de la Discordia”….

¡Por cierto! Aún no he escrito sobre la ermita de San Esteban y si me lo preguntáis no sé dónde puede estar hoy el dichoso retablo. 

Empecemos con el contexto histórico… 

“Entre 1793 y 1796 las regiones del norte de España se vieron inmersas en la guerra llamada de la Convención, nombre tomado de la Asamblea revolucionaria asentada en París. El primer periodo de la confrontación –en 1793- se desarrolló en Cataluña y en la parte de Navarra correspondiente a la frontera occidental que vio el éxito de los batallones hispanos; también Roncesvalles sufrió la presencia de las tropas francesas. Fue distinta la campaña de 1794, año en que las avanzadas revolucionarias penetraron hasta las mismas puertas de Pamplona, pasando los Pirineos por Baztán, Velate, Larraún y Roncesvalles, cuya ocupación supuso para los franceses, a la vez que un sitio estratégico, cierta reivindicación histórica de gestas épicas ocurridas en el siglo VIII. 

Y junto a Roncesvalles, la Aézcoa con su fábrica de armas de Orbaiceta, ya defendida en 1793 por cien mozos aezcoanos. En el verano del año siguiente la invasión fue general, causando en el valle uno de los desastres más ruinosos y tristes de su historia; cruzaron los Puertos Grandes los milicianos revolucionarios, rastreando el valle a sangre y fuego. Según Urtasun (Benito Urtasun Villanueva, Valle de Aezcoa, temas de cultura popular nº 106)  fueron incendiadas 247 casas. Uno de los pueblos más damnificados fue Garayoa, donde ardieron todos los edificios menos uno; en Abaurrea Alta asesinaron a 21 personas; en Abaurrea Baja la ruina fue parecida; el resto de los pueblos, sin excepción, sufrieron el fuego y la muerte. 

Están estudiadas las consecuencias demográficas de la guerra de la Convención en Navarra. En lo referente a nuestro valle se conocen algunos datos. En Garralda fueron quemados tres graneros, trece bordas y dieciocho casas. En Abaurrea Baja treinta y seis casas, una iglesia, dos bordas, dos ermitas y diecinueve graneros. En Aria ocho casas. En Abaurrea Alta cuarenta y cuatro casas, una iglesia, cuatro bordas, dieciocho graneros y una ermita. En Orbara seis casas, ocho graneros y veintiocho bordas. En Arive once casas, seis graneros y seis bordas. En Orbaiceta veinte bordas, una iglesia y una ermita. Precisamente sobre ésta, dedicada a San Esteban y sobre la de San Joaquin de Arive trata el trabajo presente, concretado en un proceso de 1798. “

Ermita de San Esteban, en el término municipal de Orbaizeta

Proceso entre Orbaizeta y el Valle Aezkoa

“Dicho proceso, a lo largo de 81 folios, presenta el pleito surgido entre la villa de Orbaiceta y el valle y la universidad de Aézcoa, sobre la reconstrucción de la ermita de San Esteban, destruida en parte por los franceses. Para llevar adelante las acciones judiciales, ambos eligieron a sus correspondientes procuradores: Orbaiceta a Juan Francisco de Arrizabala, el valle a Martín José de Armendáriz. 

El 7 de Julio de 1798 se reunieron en Arive, dentro de la Casa Consistorial del valle y universidad de Aézcoa, Juan Miguel Maisterra, Alcalde, Juez Ordinario y Capitán de Guerra, Martín Alemán, Diputado de Abaurrea Alta, Juan Andrés de Sancholuz, de Garayoa, Pedro Irigoyen, de Abaurrea Baja, Francisco Almirantearena, Diputado de Arive, Juan Francisco Maisterra y Juan Pedroarena, Diputados de Garralda, Juan Marín de Urrutia, Regidor de Aria en vez y nombre de su diputado, Manuel Burusco, Regidor de Orbara por ausencia de su diputado, Miguel Ibarco, Diputado de Orbaiceta, Martín José Burusco y Juan Vidondo, Diputados de Villanueva, “todos tales, Alcalde y Diputados de este valle, sin que falte ninguno de los que representan a los nueve pueblos y de él; Diputación haciente y celebrante”.

Estando todos así reunidos, recibieron esta propuesta del alcalde:

“Que a consecuencia de la invasión ejecutada en este valle y frontera por la nación francesa en la última guerra seguida contra la misma, se han experimentado en los edificios de los pueblos de este valle muchos incendios, sin perdonar a sus iglesias parroquiales y basílicas de las respectivas jurisdicciones, causando estragos de la mayor consecuencia. Y teniendo el común del valle erigidos a su devoción dos santuarios o basílicas, la una de la advocación del glorioso San Joaquín, consistente en jurisdicción de este lugar de Aribe y centro de esta comunidad de Aézcoa, y la otra del glorioso San Esteban Protomártir, consistente en los Puertos Grandes de este valle. En la primera destruyó dicha nación enteramente el retablo y todo el pavimento, sin dejar la menor cosa existente de los santos; y que por resolución uniforme de los nueve pueblos del valle, se ha habilitado el año último pasado, de forma que puede celebrarse el Santo Sacrificio de la Misa y se han hecho también las procesiones acostumbradas y de tabla a dicha basílica. Que en la de San Esteban, aunque dejó la dicha nación el retablo, bastante maltratado y despedazado, se perdieron o quemaron los bultos o imágenes de los santos que había en ella después de trasladados a la de San Joaquín, a la que anualmente hasta dicha guerra se hacía también una procesión general por todo el valle”.

Antes de seguir adelante, se debe parar la atención sobre esos dos títulos que lleva consigo el alcalde del valle. Efectivamente, aparte de ser Juez ordinario con atribuciones de paz en el mismo, es Capitán de Guerra, es decir, el responsable de organizar y dirigir los ejércitos de voluntarios surgidos en el valle, lo cual tenía su importante trascendencia pues, por fuero, varios valles de Navarra estaban libres de acudir a las reclutas ordinarias de milicias. 

Se debe notar también el título de Universidad relativo al valle, pues indica que la Aézcoa constituía una comunidad de pueblos con administración propia en manos de La Junta del Valle, integrada por su alcalde y los diputados de cada uno de los nueve pueblos. Por otro lado, queda patente en el texto precedente que la Aézcoa celebraba dos procesiones generales, organizadas por el valle, una a San Esteban y otra a San Joaquín

La junta celebrada en Arive dejó en claro la voluntad y la determinación de todos los diputados: trasladar el retablo de San Esteban a la basílica de San Joaquín, situada en Arive, comprometiéndose el valle a pagar la escultura de una nueva imagen del Protomártir. Implícita se deja ver la determinación de no contar más que con una ermita, la más cómoda, a la que dirigir sus romerías generales. 

Ermita de San Joaquín, en Aribe

Sin embargo, parece ser que los de Orbaiceta, grandes devotos de San Esteban, enterados del acuerdo por su Diputado, Miguel Ibarco, rechazan la propuesta y a los cuatro días, el 11 de Julio del mismo año de 1798, redactan con su procurador Arrizabala el siguiente argumento: 

“Que cuando a causa de la próxima campaña se trasladó la efigie a otra ermita de San Joaquín del mismo valle y se perdió, y quedó aquella basílica (de San Esteban) violada por haber servido de cuartel a los ejércitos de Su Majestad y haber sido maltratada en la invasión francesa. Viendo que el valle no acudió a su restauración, los mismos suplicantes, de sus propios fondos, en obsequio del Santo, la pusieron en una regular decencia y acudiendo a V.S.E, se sirvió dar comisión al párroco de dicho lugar para que la bendijese, como en efecto lo hizo el 13 de junio del pasado año del 97, y cuando pensaban estos interesados que dicho valle, depositario de los caudales de dicha Basílica que de limosna han dado sus devotos, hubiera pasado ya a fabricar el bulto del santo y colocarlo en su basílica, adornándola con más, y más con caudal suyo propio, se halla con la inapropiada estrañeza y novedad que algunos lugares piensan en quitar el retablo y demoler la fábrica que se construyó a expensas de las donaciones de los devotos del Santo, para ponerla en otra ermita de San Joaquín del mismo valle y colocar en ella la nueva efigie, sin motivo que al parecer sea suficiente para cortar el curso de esta devoción”. 

Son varias las razones con que Orbaiceta acompaña esta petición al Provisor Eclesiástico y Vicario General en defensa de su postura y petición. 

Razones de unos y otros, que a lo largo del proceso dejan ver varias costumbres, devociones y características del valle de la Aézcoa”

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